domingo, 21 de agosto de 2016

Mi hermana Maíta



Puede ser que me encuentre en un laberinto sin salida. Puede ser que no quiera humedecer los ojos de nadie. Puede ser que prefiera refugiarme en el silencio. Puede ser que piense en personas especiales… ¿Estoy triste?
No es justo que atribuir la angustia y el miedo a la nada, así que no quiero llorar. Mi hermana Hortensia, quien vivía en un barrio periférico del municipio de Bayamo, capital de la provincia cubana de Granma, conocido como La Trinidad, se fue y no sé a cuál lugar del universo, no sé a qué dimensión ni adónde, cuando apenas había cumplido 67 años de edad; pero nos dejó en estos días calurosos de agosto.
La casa quedó sumergida en  una irremediable expresión sombría. Hay diferentes sensaciones en el ambiente y sé que comienza un tiempo que puede resultar difícil ¿angustioso quizá? por las múltiples impresiones que reciben los sentidos de mi madre, en un asunto para ella delicado, aun cuando sospecho que es víctima de Alzheimer, esa enfermedad cerebral que causa problemas con la memoria, la forma de pensar y el carácter o la manera de comportarse.
En su huella por la Tierra dedicó sus más tiernas preocupaciones a los demás más a que sí misma. Calle Siete conoce que, de no ser por ella, por Maíta, para los más cercanos, qué triste hubiera sido la vida de muchos jóvenes entre los que se encuentra Eliecer, el primo que ayudó a formar, como profesional de la Salud, con una voluntad vital.
También participó en la Campaña de Alfabetización, importante acontecimiento educacional en Cuba que facilitó el acceso a los distintos niveles de  aprendizaje de forma gratuita y que llevó al país a declararse en 1961, apenas dos años del triunfo de la Revolución, territorio libre de analfabetismo.
Empero, el tiempo recobra su fluir. Toda la sabiduría acumulada no alcanza a explicar ciertas cosas. Mi herma, que así me llamaba casi siempre, ya no está, se fue, y yo… ahora mismo no sé qué hacer.  

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