Omar, mi vecino de Calle Siete, no tiene conciencia plena de que sus acciones en la recuperación de Guantánamo constituye el más sublime mensaje de amor de una voluntad política que diariamente en la Mayor de las Antillas encuentra el modo de hacerse presente.
En la provincia de Granma ese sentimiento también estuvo presente desde el mismo instante en que el Instituto de Meteorología anunció la probabilidad de que estampara aquí sus desgarradoras huellas, entonces, en menos de lo que canta un gallo se reunió el Consejo de Defensa y comenzó a cambiar el panorama.
Por doquier, mis coterráneos, siguiendo las medidas orientadas aseguraron techos, equipos electrodomésticos, compraron los alimentos de la canasta básica correspondiente a octubre, se hicieron de velas, fósforos, baterías y de cuanto recurso creyeron imprescindibles para circunstancias y amenazas como las auguradas.
Así fue como, alrededor de 133 mil personas recibieron refugio, más de 13 mil en albergues y muchos estuvieron resguardados en casas de familiares o vecinos. Mi tía Ana Ibis acompañó a Yolanda.
Todavía
en Granma se mantiene vigilancia en el municipio de Río Cauto y otras
zonas bajas de Bayamo, Manzanillo y Yara, con probabilidades de
inundaciones por las lluvias y las crecidas de los ríos.
El
camino no es fácil, sin embargo Omar, el esposo de Carmen y padre de
Irene y Elena, como cientos de granmenses y de otros territorios de
Cuba, marca solo una muestra de que a vertiginoso ritmo y
organizadamente de aquel territorio devastado por la furia y la saña del
huracán renace la solidaridad que recorre nuestras venas y nos
hace más fuertes. Contra esa fuerza no pudo Matthew.
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