viernes, 6 de noviembre de 2015

iFelicidades, Bayamo!



Tu nombre es Bayamo, una villa que encontré a las 11:30 de una mañana de abril y ese día, aun inconsciente de que sería mi realidad, cercana o lejana, mi madre comenzó a enseñarme a buscar la palabra indicada  para expresar mis sentimientos y mi respeto hacia tu geografía  y tu historia.
Brotaste de las mejores raíces de Cuba, el 5 de noviembre de 1513, como San Salvador, formidablemente hermoso, indio, rebelde, con pensamiento crítico, haciendo posible la comprensión exacta de las grandes transformaciones sociales que vivimos y una actitud científica que nos capacita para observar y comprender  mejor el medio que nos rodea.  
En solo instantes te convertiste en la revelación más emocionante  que dio sentido a mi vida. Supe del maíz, del cacao, y cómo cultivarlos; me hablaste de la canoa, el colibrí, el río, la jícara y la jitanjáfora de Nicolás Guillén, hasta llevarme a conformar un nosotros, con sonidos, símbolos, comunicación, cultura  … amor.
Cuando miro la gente al pasar, me detengo, pienso en ti y me reencuentro contigo, el sentido del tiempo y el espacio dejan de existir, entonces el suave aroma que desprende la brisa de la ceiba milenaria roza mi mejilla.
Calle Siete ama y camina junto a ti, Bayamo, digna capital de la provincia de Granma, nos regalaste la marcha guerrera devenida  en Himno, muestra de que esparces tus mejores melodías para que tus hijos sean seres más completos, con soltura y sencillez; pero eso sí, más dueños de sí mismos, más útiles, más libres.
   

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