viernes, 9 de noviembre de 2018

Bayamo

Todavía hay algo de litúrgico en el ambiente y nada de atajos al amor, eso bien lo sentimos, una vez más, los hijos de Bayamo, municipio capital de la suroriental provincia de Granma, el que, recientemente, cumplió 505 de fundado por el Adelantado Diego Velázquez, en 1513.
La segunda villa de Cuba basa su credibilidad en las obras de beneficio social que recobran legitimidad, y dejan atrás las  miradas y oídos dubitativos, a los descreídos o a los invadidos por el sarcasmo y la sorna, como singulares señales de identidad y cultura.
Si me preguntaran sobre la trascendencia de las obras en beneficio del pueblo, directa o indirectamente, por la efeméride diría que además que las tantísimas iniciativas, que van de lo humano a lo divino, todas interesantes, se multiplican mientras refuerzan los valores compartidos.
A Calle Siete le impactaron irremediablemente algunas de las historias escuchadas y presenciadas por la fecha. Ahí está la fuerza del amor. La emoción de estos días, el orgullo por la idiosincrasia, la solidaridad entre los vecinos  y la experiencia del aquí, lo que fuimos, lo que somos  y lo que seremos, no callan su verdad.

























miércoles, 7 de noviembre de 2018

“Toda Cuba fue Bayamo”



Calle Siete les propone las palabras de Eusebio Leal Spengler, Historiador  de la Ciudad de La Habana, en el acto por el Día de la cultura cubana, en Bayamo, capital de la provincia de Granma.
Queridas amigas y amigos:
Recuerdo vivamente, hace 50 años las conmemoraciones por el centenario del grito de independencia de Céspedes, Demajagua. Recuerdo mis conversaciones con aquella gran mujer que fue Alba de Céspedes, nieta del Padre de la Patria, y también las no menos importantes y decisivas para mí, como Hortensia Pichardo, la profesora y maestra de cubanía, y su esposo Fernando Portuondo, ambos habían trabajado impetuosamente en la documentación cespediana y, por ende, en la historia de Bayamo.
A partir de ese momento mi vida tomó otro camino, y tuve la excepcional oportunidad, gracias a José de la Luz León, cuyo seudónimo en el mundo intelectual y periodístico era Clara del Claro Valle, de trabajar El diario perdido de Carlos Manuel de Céspedes, que abordaba los últimos tiempos de su vida política, fundamentalmente, aquellos que van desde su deposición hasta su muerte en San Lorenzo.
Bayamo entró entonces a formar parte de mi vida de una manera intensa, quise a Bayamo y fue, precisamente  en la ciudad de Bayamo, donde tuve el honor de recibir la condecoración suprema que ofrece la nación a la intelectualidad cubana, me refiero a la Orden Félix Varela de Primer Grado.
Bayamo está en mi memoria y en mi corazón y está en el ardiente discurso de Fidel de aquel 10 de octubre, en el cual sienta las bases para la interpretación objetiva y justa de la historia. Partiendo de su gran cultura, de su conocimiento profundo de lo cubano, Fidel aborda la figura de Céspedes y de los hombres que le acompañaron aquel día.
Explica la trascendencia y grandeza del acto del 10 de octubre, que es un acto fundacional, es el día en que se proclama la independencia de Cuba y el acto virtual de abolición de la esclavitud, a partir no ya del documento leído por Céspedes aquel día como fundamento del levantamiento, sino por su acción personal al liberar a los suyos propios.
Claro está de que él tenía una convicción profunda de que el sistema esclavista estaba vencido, de hecho la investigación histórica posterior ha demostrado con creces como ya las últimas zafras en Demajagua se hicieron con trabajo asalariado, lo cual significaba un paso adelante en la historia.
Bayamo fue su cuna y Bayamo es el cofre donde se conservan las tradiciones más profundas y más intensas que rodean la acción del 10 de Octubre y que coronan el esfuerzo del pueblo cubano por su libertad.
Con razón profunda Máximo Gómez Báez, más tarde El Generalísimo del Ejército Libertador de Cuba, escribe que a Bayamo reservará la historia un lugar especial porque allí nadie, absolutamente nadie, reservó nada para sí, todo fue entregado en el acto de, primero, proclamar la primera capital de la revolución por Céspedes y sus compañeros; segundo, haber colocado en el centro de la Plaza de Armas aquel cartel que insultó tan profundamente al adversario, Plaza de la Revolución, primera Plaza de la Revolución; sino también el haber constituido la primera forma de un poder popular revolucionario, al elegir en el ayuntamiento de Bayamo a miembros que, jamás en las condiciones anteriores, se habían podido sentar en él: regidores negros, españoles liberales, criollos cubanos convencidos de la causa de la independencia, confraternizaron en esa idea.
Las logias bayamesas fueron de altísima significación para la historia de Cuba y particularmente aquella en la cual Céspedes vive en el secreto de la fraternidad la esperanza de una Cuba libre y futura.
Junto a él aparecen hombres que son hoy monumentos de la dignidad cubana: Francisco Vicente Aguilera, vicepresidente de la República después de la reunión trascendental de Guáimaro en territorio de Camagüey, y desde luego, Pedro Figueredo, su compañero de infancia, su amigo entrañable que compartió tan intensamente sus ideas.
Precisamente, si el 10 de Octubre es importante, el 20 de Octubre, proclamado Día de la cultura nacional cubana, lo es también con igual fuerza, porque ese día la poesía, la música y el sentimiento patrio se unieron cuando, en las gradas de la Iglesia Pparroquial Mayor, hoy Catedral de Bayamo fue interpretado por primera vez el Himno Nacional cubano.
El Himno con la letra que, según la tradición sobre la montura de su caballo y a partir de una exigencia popular, Don Pedro escribió, para distribuirlo manuscrito luego y mil veces repetido de mano en mano.
Fue su hija Candelaria Figueredo la que entró en Bayamo vestida de Cuba, quiere decir de blanco, llevando el gorro frigio y la estrella solitaria, y los atributos de la bandera de Cuba, fue la que ingresó en Bayamo aquel día de la gran victoria.
El Himno Nacional, la entrada de Céspedes bajo palio, luego, en la Catedral, el tedeum para conmemorar la victoria primera de la revolución, nos hace recordar tantas cosas, tantas cosas que solamente puedo decir que siento en mi corazón, no solamente los acordes del Himno, sino aquel precioso canto de Sara González en el cual habla del sentimiento de nuestra primera victoria y la primera victoria de la revolución fue la toma de Bayamo, la primera victoria de la revolución fue la constitución de ese gobierno popular, la primera victoria de la revolución fue precisamente el 20 de Octubre el nacimiento con el Himno de un día para la cultura de Cuba.
Al pueblo de Bayamo, a sus heroicas mujeres, a sus hombres, a los que dieron fuego a la ciudad convertida en una nueva Numancia, que ardió en medio de la llanura y estuvo al alcance de la vista  de los prismáticos de los oficiales españoles que avanzaban en columnas cerradas para recuperar aquel primer bastión.
Bayamo se multiplicaría luego en Cuba, toda Cuba fue Bayamo, todos somos Bayamo, y cuando interpretamos en la escuela y cualquier canto público y en cualquier lugar de la tierra el Himno Nacional de Cuba, recordamos siempre a Bayamo; y cuando en medio de una expresión romántica, poética, de amor recordamos el canto a las puertas de la casa y junto a la ventana de una bella bayamesa, la canción compuesta por aquellos patricios entre los cuales Céspedes era uno de los más importantes, de los más trascendentales,  de los que haría un aporte decisivo al futuro, recordamos también a Bayamo, al género musical, al espíritu de la mujer bayamesa del pueblo de Bayamo.
Para ustedes, en el 150 aniversario  de la independencia, en la conmemoración del  150 aniversario del Himno, en la conmemoración de tantas y tantas luchas en las que Bayamo ha participado, en su heroica presencia el 26 de julio de 1953, en el asalto al cuartel que llevaba el nombre del Padre de la Patria, para ustedes, hoy nuestro saludo, mi felicitación, mi ardorosa presencia junto a ustedes y todo mi corazón.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Insomnio



Despertar a mitad de la noche es como si la vida se detuviera, todo está detenido, el tiempo se para, el trabajo… las personas se toman un descanso y es cuando empiezan a pensar en todo lo que les ha sucedido.
¿Y Después?... Después llega la calma. Esto puede resultar agradable, como cuando estás enamorado, te sientes satisfecha de los estímulos visuales, auditivos y sabes que tu amor también  piensa en ti.
Llenas la oscuridad de la noche con las voces y los colores que más te gustan; pero, si hay tristeza en el lugar, por el conflicto entre la quietud de la noche y la inquietud del alma, entonces, despertar medianoche  puede ser doloroso porque solo quieres dormir para escapar de ti.
A este insomnio le teme Calle Siete, la arteria  de Bayamo, municipio capital de la provincia cubana de Granma, desde donde prefiere siempre conciliarlo para  dejar atrás la tristeza, las dificultades, lo que tanto te mortifica, problemas que no lo son, pero parecen que sí y la sensación de no haber tenido un sueño reparador.

sábado, 20 de octubre de 2018

Cultura cubana

La alegría de los bayameses inunda por estos días las calles de la ciudad fundada en 1513 por el Adelantado Diego Velásquez, fue convertida en cenizas en 1869 para no verla esclava y que entonó en un espacio público, por vez primera, hace 150 años, el Himno que es hoy canto patrio.
Esa vida diferente a los amaneceres cotidianos, en el municipio capital de la suroriental provincia de Granma, que tocó la sensibilidad de muchos, puede resumirse en una frase: es la fuerza de la XXIV edición de la Fiesta de la cubanía, por el 20 de Octubre, Día de la cultura nacional, presidida por la espada ceremonial de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.
La trascendencia del acontecimiento cultural que inunda la espiritualidad de los cubanos se inscribirá en la memoria colectiva por actividades como la exposición de artes plásticas Estampas misceláneas de Wilfredo Díaz Rosales (Wilfrediro), en sus 40 años como artista y taller de actuación para cine con estudiantes de la Academia de Teatro, entre otras.
En la diversidad de las propuestas también estuvo la competencia de danzón en la Plaza de la Revolución, la primera plaza libre del dominio español, en Cuba; la actuación de Buena Fe, Moncada, Tony Ávila, la Original de Manzanillo, Eliades Ochoa, el Ballet Clásico de Camagüey; y Eslinda Núñez y Adela Legrá recibieron el homenaje de los granmenses, además del evento teórico Crisol de la Nacionalidad Cubana.
Calle Siete y sus vecinos retroalimentan su cotidianidad mientras observan el crecimiento de la nación desde la savia de sus mismísimos orígenes. Siempre que escucho o canto el Himno de Bayamo en cualquier lugar o circunstancia me estremecen sus notas y su letra.












lunes, 15 de octubre de 2018

Díaz-Canel: “Hemos luchado 150 años y seguiremos luchando hasta la victoria siempre”



Hoy Calle Siete complace la solicitud de algunos lectores. Publico el discurso pronunciado por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto político-cultural por el aniversario 150 del inicio de las luchas por la independencia de Cuba, en La Demajagua, Manzanillo, segundo municipio en importancia de la suroriental provincia de Granma.

(Versiones Taquigráficas Consejo de Estado)
Compañero General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba;
Compatriotas:
Estamos otra vez en La Demajagua, el lugar donde con mayor suma de sentimientos patrios, podemos decir: Somos Cuba.
Somos Cuba: ustedes, nosotros, la historia y este paisaje formidable, que parece un lienzo de la nación, con el mar y la montaña al fondo y en el centro, los viejos hierros del ingenio abrazados a un poderoso jagüey.
Según la leyenda, que es la versión poética de la historia, ningún artista levantó este monumento (Muestra). Fue obra de la naturaleza.
Después del alzamiento, en un acto de ridícula impotencia, tropas españolas incendiaron el lugar; y pasó el tiempo, y pasó por entre la rueda del viejo molino de caña el jagüey que eterniza el acontecimiento.
Es imposible llegar a este sitio y no emocionarse frente a tal misterio. Uno más entre los muchos que nos acompañan desde que se empezó a pelear por Cuba libre.
Hoy venimos a pedirle permiso a la historia para entrar en uno de sus recintos sagrados, a rendir culto a quienes nos dieron nación y a quienes la rescataron después, sin tomar para sí más que los sacrificios.
Es bello y a la vez sublime este sitio, porque aquí Carlos Manuel de Céspedes levantó el alma de un pueblo recién nacido contra la metrópoli que lo tiranizó por más de tres siglos y declaró libres y ciudadanos a todos, sin distinción de raza o sexo, socavando para siempre las carcomidas bases de una sociedad esclavista y patriarcal.
Es legítimo reverenciar el suelo por donde cabalgaron juntos, bajo un torrencial aguacero, el antiguo amo y los que hasta ese día fueron sus esclavos. 
Aquí nació hace 150 años, la Revolución cubana y aquí, un siglo después, Fidel marcó su carácter único, desde el 10 de octubre de 1868 hasta nuestros días.
También conmueve pensar que esta campana, tañida aquel día glorioso para decretar por primera vez iguales derechos a todos en Cuba, en 1947 la tomaría en sus manos para sacudir la conciencia nacional, un joven estudiante, el mismo que volvería en 1968, ya convertido en el líder revolucionario Fidel Castro Ruz, para darnos una insuperable lección de historia.
El 10 de Octubre de los 100 años es otro acontecimiento digno de celebrarse. Ese día, el nombre de Carlos Manuel de Céspedes adquirió significados más profundos como Padre de la Patria.
Hasta entonces, la conocida frase de que sus hijos eran todos los cubanos, al negarse a entregar las armas a cambio de la libertad de Oscar, era la explicación de la escuela básica cubana para que le llamáramos Padre.
Nos faltaban los poderosos argumentos del significado para Cuba de sus primeros actos libertarios, un tema que siempre se debatió mucho entre académicos, pero no en los discursos de efeméride o en los libros escolares.
Las reflexiones de un apasionado de la historia como Fidel, fueron, aquel día, más que discurso, una sensible invitación a  revisitar con el corazón y la mente definitivamente libres de viejas lecciones importadas y reduccionistas, el dramático curso del proceso iniciado 100 años antes, en este valle -tan próximo al pantano por donde él mismo reingresaría al país, en 1956, con la expedición destinada a rescatar la Revolución frustrada por la intervención extranjera- y a la vista de las montañas, donde la generación del Centenario pelearía otra vez por la independencia, con la misma entrega que los fundadores de la nación.
He repasado muchas veces las palabras de Fidel en aquella velada solemne y apenas he podido entresacar frases que marquen su trascendencia histórica. Todas son trascendentes y conservan una vigencia que estremece, a pesar de que fueron pronunciadas cuando la mayoría de los reunidos hoy aquí no estaban nacidos y nosotros éramos estudiantes de primaria.
Los de más edad seguramente recordarán ese día, también lluvioso, según el propio Fidel dejó dicho. Y no dudo que todos conozcan que fue aquí y entonces cuando dijo: “...en Cuba ha habido una sola revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868.  Y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes”.
Recordarlo, sin embargo, no basta. Hay que invitar a nuestros hijos y nietos, a los estudiantes de hoy, a desentrañar el significado de aquella frase con la que comienza el primer análisis político público del capítulo más trascendente de la historia nacional.
Empecemos por la valoración que hace de las decisiones de Céspedes.  Dice Fidel: “…la historia de muchos movimientos revolucionarios terminó, en su inmensa mayoría, en la prisión o en el cadalso.
“Es incuestionable que Céspedes tuvo la clara idea de que aquel alzamiento no podía esperar demasiado ni podía arriesgarse a recorrer el largo trámite de una organización perfecta, de un ejército armado, de grandes cantidades de armas, para iniciar la lucha…
“…la historia de nuestro pueblo en estos 100 años confirma esa verdad axiomática: y es que, si para luchar esperamos primero reunir las condiciones ideales, disponer de todas las armas, asegurar un abastecimiento, entonces la lucha no habría comenzado nunca…”.
Ante los enormes desafíos de la Cuba actual, condenada por el bloqueo norteamericano a una escasez de recursos materiales que hacen parecer imposible la prosperidad, resulta un imperativo retomar aquel análisis de Fidel en 1968.
Frente a la realidad de aquel primer día de ser cubanos, idea que entonces se reducía a unas decenas de hombres, casi todos desarmados y empapados por la lluvia, se revela el poder extraordinario de un ideal revolucionario. En lugar de esperar mejores tiempos, los alzados en La Demajagua se lanzaron eufóricos a hacer una revolución que les costaría, al primer instante, todo el capital que poseían, cuando no la propia vida.
Quienes ven su suerte o la del país a través de sus posesiones, dirán: “Lo perdieron todo”. Solo quienes creen en la Patria, entenderán lo verdadero: “Nos lo dieron todo. Hasta lo que no tenían: la libertad”.
Desde entonces sabemos que sí es posible vencer partiendo de cero, a veces sin más armas que la moral y el patriotismo. Y que de la lucha bajo las peores circunstancias proviene el enorme caudal de coraje y resistencia que ha convertido al pueblo cubano en lo que somos: una nación soberana, independiente y orgullosa de su historia, algo que no pasa de ser un sueño por conquistar para muchas naciones de nuestra región y del mundo.
La decisión de Céspedes de liberar a los esclavos, que no encontraría consenso entre todos los alzados hasta el año siguiente en la Asamblea de Guáimaro, es otro acto, que en sus palabras en 1968, Fidel califica como radicalmente revolucionario.
Con él, otra vez Céspedes se adelantó a sus contemporáneos y quizás fue entonces y no luego, cuando ganó el título de padre de todos los cubanos.
Porque la nación nueva no podía desentenderse de una de sus grandes fuerzas: los hijos de los hombres y mujeres, emigrantes africanos por la fuerza del látigo y del poder colonial, cuyos descendientes alcanzarían los más altos grados en la guerra por la independencia y en la dignificación del ser nacional, como probaría lo largo de su ejemplar vida, Antonio Maceo, aquel que en Baraguá, al decir de Fidel: “...salva la bandera, salva la causa y sitúa el espíritu revolucionario del pueblo naciente de Cuba en su nivel más alto…”.
Somos Cuba decimos otra vez al invocar al más bravo de los guerreros, al mestizo, hijo de león y leona, que no se conformó con las glorias del jefe mambí más temido por sus adversarios y llenó el libro de su vida con páginas de tal dignidad, que, al repasarlas hoy, se nos hace más justa y más necesaria la persistente demanda del General de Ejército Raúl Castro Ruz, de proteger y estimular aquel legado humanista de Céspedes que puso al hombre negro al lado del hombre blanco y no detrás. No a su servicio, sino como su igual.
Ciudadanos les llamó enseguida, sin hacer distinciones. Heredera de esa primera ley que, aun sin escribirse, ya dignificó al ser humano en medio de la manigua, nuestra Asamblea Nacional, poder supremo de la nación, lleva hoy y deberá llevar siempre, los colores que hicieron invencible a Cuba. Negros, mulatos y mestizos le hacen tanta falta al país de nuestro futuro como le dieron gloria al país de nuestro honroso pasado.
Compatriotas:
En igual fecha que la de hoy, casi 20 años después del alzamiento de La Demajagua, en un acto con los emigrados en Nueva York, un José Martí, exaltado por las emociones de un auditorio de patriotas cubanos, decía:
“Esta fecha, este religioso entusiasmo, la presencia (...) de los que en un día como este abandonaron el bienestar para obedecer al honor (…) los que cayeron sobre la tierra dando luz, como caen siempre los héroes, exige de los labios del hombre palabras tales que cuando no se puede hablar con rayos de sol, con los transportes de la victoria, con el júbilo santo de los ejércitos de la libertad, el único lenguaje digno de ellas es el silencio. No sé que haya palabras dignas de este instante”.
Siente entonces uno la necesidad de callar cuando, leyéndolo, escucha a Martí. Si el dueño de las palabras considera que no existen las que merecen decirse, quién se atrevería a hablar. Pero el propio Apóstol nos dejó en ese discurso una guía para no quedar en silencio, al preguntarse: “¿Por qué estamos aquí? ¿Qué nos alienta, a más de nuestra gratitud, para reunirnos a conmemorar a nuestros padres?”.
Y nuestra generación responde: Si en 1968 fue la necesidad de analizar la historia a la luz de los conceptos marxistas, para ponerle todos los laureles que le habían escamoteado los interventores, hoy esa misma historia nos está exigiendo repasos y aprendizajes, indispensables para el tránsito hacia una nueva etapa de la misma Revolución que no ha cesado 150 años después.
Los dos años 68 que nos preceden, están cargados de lecciones y del primero al otro ha ido modelándose el país que hoy somos.
Decía Fidel en 1968 que, si no entendemos el proceso histórico de la Revolución, “no sabremos nada de política”. Y nos convocaba a conocer y estudiar la historia. ¿Por qué, para qué?, podrían preguntarse los ingenuos o los que creen que las subjetividades no pesan en los destinos de un país. Pues bien, por las mismas razones que nuestros adversarios nos han pedido pasar página y olvidar la historia.
Porque ahí están las claves de todas nuestras derrotas y fracasos, que los hubo y muy dolorosos, a lo largo de 150 años de luchas. Pero también están las claves de la resistencia y de las victorias.
La escuela cubana, en todos sus grados y niveles, tiene el deber inexcusable de estudiar este capítulo de nuestra historia a través del discurso de Fidel en 1968, junto a otros dos, inseparables de aquel: el del 13 de marzo de 1965, en la escalinata de la Universidad de La Habana y el del 11 de mayo de 1973, en Jimaguayú. En esa tríada magnífica, digna del extraordinario intelectual y orador que la hizo, se puede beber, como en ninguna otra fuente, el valor de la unidad y entender el sentido profundo de la breve frase que hemos escogido para identificarnos en redes sociales y otros espacios que la comunicación actual impone: Somos Cuba.
Cuando el 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes lee su vibrante manifiesto a “compatriotas y a todas las naciones”, está sentando principios invariables, que hacen de la Revolución un hecho único y continuo:
“Cuba aspira a ser una nación grande y civilizada, para tender un brazo amigo y un corazón fraternal a todos los demás pueblos, y si la misma España consiente en dejarla libre y tranquila, la estrechará en su seno como una hija amante de buena madre; pero si persiste en su sistema de dominación y exterminio segará todos nuestros cuellos y los cuellos de los que en pos de nosotros vengan, antes de conseguir hacer de Cuba, para siempre, un vil rebaño de esclavos”.
Cambiemos en esas palabras el nombre de España por el de la potencia contemporánea que por 60 años ya, nos acecha, y encontraremos la solución y la posición invariable en el destino elegido. La Revolución es la misma.
Y también son idénticos los desafíos: un asedio imperial desde afuera; una vocación anexionista de unos pocos desde dentro -de los que no creen que la Patria pueda levantarse con sus propias fuerzas- y como única salvación: la unidad.
Martí y Fidel lo vieron y advirtieron, cada uno en su tiempo. Ambos aprendieron, de la historia precedente, que solo la desunión ha podido contra la nación.
Actualmente, cuando entre todos discutimos con qué traje vestir al modelo de sociedad que nos debemos, es imprescindible pensar en Céspedes, en los hombres y mujeres que a su lado se convirtieron en próceres y en todo lo que frustró sus sueños, tan cercanos a los nuestros. El quiebre de la unidad fue siempre la causa fundamental de las pérdidas y los retrocesos.
Un siglo después del nacimiento de Martí, emergió en el horizonte histórico de Cuba, la generación que reivindicaría su noble aspiración de reagrupar y unir a los defensores de la continuidad de la Revolución. Hablo de nuestra generación histórica, venerable vanguardia que jamás se apartó de su responsabilidad y compromiso con los humildes.
Hoy aquí, los hijos más jóvenes de la Patria han ratificado el mensaje a las nuevas generaciones que expresa nuestra firme determinación de que no claudicaremos, no traicionaremos y no nos rendiremos jamás.
Asumamos como nuestras y como firme decisión de continuidad, las palabras de Fidel, aquel 10 de octubre de 1968: “Porque este pueblo, igual que ha luchado 100 años por su destino, es capaz de luchar otros 100 por ese mismo destino”.
Compatriotas:
Hemos luchado 150 años y seguiremos luchando hasta la victoria siempre.
¡Viva Cuba Libre!  (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Gloria eterna a Carlos Manuel de Céspedes! (Exclamaciones de: “¡Gloria!”)
¡Viva el 10 de Octubre!  (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva el heroico pueblo cubano y sus centenarias luchas! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Vivan Fidel y Raúl! (Exclamaciones de: “¡Vivan!”)
¡Socialismo o Muerte!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos! (Ovación).