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domingo, 21 de agosto de 2016

Mi hermana Maíta



Puede ser que me encuentre en un laberinto sin salida. Puede ser que no quiera humedecer los ojos de nadie. Puede ser que prefiera refugiarme en el silencio. Puede ser que piense en personas especiales… ¿Estoy triste?
No es justo que atribuir la angustia y el miedo a la nada, así que no quiero llorar. Mi hermana Hortensia, quien vivía en un barrio periférico del municipio de Bayamo, capital de la provincia cubana de Granma, conocido como La Trinidad, se fue y no sé a cuál lugar del universo, no sé a qué dimensión ni adónde, cuando apenas había cumplido 67 años de edad; pero nos dejó en estos días calurosos de agosto.
La casa quedó sumergida en  una irremediable expresión sombría. Hay diferentes sensaciones en el ambiente y sé que comienza un tiempo que puede resultar difícil ¿angustioso quizá? por las múltiples impresiones que reciben los sentidos de mi madre, en un asunto para ella delicado, aun cuando sospecho que es víctima de Alzheimer, esa enfermedad cerebral que causa problemas con la memoria, la forma de pensar y el carácter o la manera de comportarse.
En su huella por la Tierra dedicó sus más tiernas preocupaciones a los demás más a que sí misma. Calle Siete conoce que, de no ser por ella, por Maíta, para los más cercanos, qué triste hubiera sido la vida de muchos jóvenes entre los que se encuentra Eliecer, el primo que ayudó a formar, como profesional de la Salud, con una voluntad vital.
También participó en la Campaña de Alfabetización, importante acontecimiento educacional en Cuba que facilitó el acceso a los distintos niveles de  aprendizaje de forma gratuita y que llevó al país a declararse en 1961, apenas dos años del triunfo de la Revolución, territorio libre de analfabetismo.
Empero, el tiempo recobra su fluir. Toda la sabiduría acumulada no alcanza a explicar ciertas cosas. Mi herma, que así me llamaba casi siempre, ya no está, se fue, y yo… ahora mismo no sé qué hacer.  

viernes, 20 de diciembre de 2013

Mi hermano Víctor

Ah!, ya recuerdo. El de la derecha es Juan Pedreira, en el medio Víctor Enrique Leyva y a la izquierda está Fernando Tornés, entonces eran muy jóvenes; pero compartían el mismo sueño ... y lo alcanzaron cuando en 1961 participaron, como miles  de jóvenes en todo el territorio nacional, en la Campaña de Alfabetización.
Este 22 de diciembre, Día del educador- se cumple el aniversario 52 de aquella proeza que convirtió a Cuba en el primer país de América Latina libre de analfabetismo, y ahí estaban ellos enseñando a leer, a contar,  a escribir cuanta historia o anécdota pudieran imaginar, y a despertar el goce de la expresión creativa y del conocimiento.
Celebrando el hecho, orgullosos, quisieron recordarlo en la Plaza de la Revolución de Bayamo.
Mi tío Fernando y mi hermano Víctor no nos acompañan hoy en Calle Siete -físicamente hablando-; empero me reconforta la certeza de cómo, tempranamente, comprendieron que educar es sinónimo de formar, encauzar, que la educación es el único camino de libertad y la más excelsa obra de amor.

lunes, 18 de octubre de 2010

Chela

Chela nació con el nombre de Elia Rosa González Tornés, el 2 de agosto de 1931, en Bayamo. Ella toda parece expresar una fascinante mezcla de sentimientos contradictorios: una proximidad inexplicable entre la tristeza callada, el dolor, por no haber parido,  y al mismo tiempo una sana y agradable sonrisa.
La veo leyendo un ejemplar del periódico de la provincia de Granma, La Demajagua,  y no puedo abstraerme de su pasado de sombras, cual flor de la noche; mientras refleja en su rostro el enigma del tiempo capaz de descubrir lo que puede existir más allá de lo que la vista alcanza.
Es curioso, el peso de su mirada es inequívoco y su sensibilidad, quizás  por los recodos  del camino, a ratos se vuelve sinestesia. Y, puesto que la lengua es solo imagen, en esa trasposición o convergencia de los sentidos trueca la lógica de la causa y el efecto, el evento y sus consecuencias; no hay analogía ni genealogía, no hay historias ni parangones, no hay saberes ni contradicciones; pero no olvida.
Aun así su memoria sirve de resguardo al modo de cómo aprendió a leer y a escribir, en l961, cuando a través de la Campaña de Alfabetización en Cuba, a instancias de Fidel, mucha gente tuvo la oportunidad de saber que existía el abecedario y también encontró la magia  del conocimiento. Calle Siete la respeta.
A personas como Chela, alfabetizada desde entonces, y a los alfabetizadores, el municipio de Bayamo les dedica la decimosexta edición de la Fiesta de la Cubanía que comenzó ayer y culmina el  20, Día de la cultura cubana.