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viernes, 22 de noviembre de 2013

Ajedrez, la próxima apertura en Bayamo



Hoy he conocido por Cubadebate que el rey del ajedrez en el mundo tiene un nuevo nombre: Magnus Carlsen, un joven noruego de solo 22 años de edad.
Como juego de niña le acerqué mi corazón al tablero cuadriculado de 8x8 casillas hace ya un tiempo, a instancias de Francisco Mauri Marticorena,  quien aún siendo un niño demostraba no solo táctica, lógica y estrategia, sino dotes de maestro, a la hora de enseñarme el mundo de los reyes, damas, alfiles,  torres, caballos y peones.
Fue por la paciencia de Frank, su sabiduría para trasmitirme sus conocimientos, que aprendí, primero a conocer las piezas, luego a moverlas y más tarde el ataque,  tratando de desenvolverlas en las 64 posibles posiciones.
Después supe que el juego de ajedrez se introdujo en Cuba, traído por los españoles, a comienzos del segundo decenio del siglo XVI. 
El mejor libro de texto de esa época, denominado Libro de la inversión liberal y arte del juego de ajedrez, fue escrito por el eclesiástico Ruy López de Segura; y publicado en Alcalá de Henares, España, en el año 1561.
Su obra fue la primera en ofrecer lecciones teóricas sustanciales a los jugadores; aparece en ella el análisis de la famosa apertura que lleva su nombre. Qué ajedrecista no conoce la famosa apertura de Ruy López?
En Cuba se le considera no solo un juego, sino un arte, una ciencia. Y en Bayamo fue desarrollado por Carlos Manuel de Céspedes, quien trascendió a la historia por darles la libertad a sus esclavos en 1868, en su finca Demajagua.
Y muchos, muchos años después fui feliz cuando mi Daniel de Jesús participó en la bayamesa Plaza de la Revolución en una gigante simultánea de ajedrez con el Gran Maestro Walter Arencibia, primer cubano Campeón mundial juvenil de la disciplina.
Calle Siete te espera Frank, le debes una buena apertura y te prometo el próximo jaque mate.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Céspedes y el ajedrez

Los grandes torneos se suceden rápidamente. Pensando en el momento exacto en que Daniel de Jesús comenzó a aprender las reglas y hacer buen uso de la estrategia. parpadeé como una autómata mientras me adentraba en el juego de las 64 casillas ¿cuántas rondas tendrían que dar para ser un maestro? No lo sé.
Así que  mientras acariciaba la puesta de sol Calle Siete me llevó a meditar sobre la fuerte relación de Carlos Manuel Perfecto del Carmen de Céspedes y López del Castillo (18 de abril de 1819, Bayamo–27 de febrero de 1874, San Lorenzo, Sierra Maestra) con el ajedrez. Más allá de la práctica del deporte realizó un aporte de inigualable valor: tradujo del Francés al Español "Las leyes del  Ajedrez", libro escrito por el maestro Luis Charles Mahé Da  Labourdonais  y las publicó en el periódico El Redactor, de Santiago de Cuba.
Quien jugaba  frecuentemente, con su ayudante Fernando Figueredo Socarrás acostumbraba a llevar las piezas  y el tablero a través de la manigua del oriente de Cuba en un burro de carga llamado Masón; empero, cada vez que escuchaba disparos el animal corría espantado, aunque siempre regresaba al campamento.
La última vez que esto sucedió fue capturado por las fuerzas españolas, las cuales, posteriormente, devolvieron a Céspedes los objetos que transportaba el burro Masón, pero retuvieron las piezas y el tablero, alegando que el ajedrez podría servir a los mambises para planear tácticas de guerra.
Conocido como el Padre de la Patria, con un solo  movimiento de ¨piezas¨ blancas y negras dio jaque mate a dos yugos ominosos: el de la colonia y el de la esclavitud.
Había sido Mayor General del Ejército Libertador . Su última partida fue resumida por el coronel del Ejército Libertador Manuel Sanguily, quien captó todo el simbolismo de la muerte del Primer Presidente de la República en Armas y  la resumió en poéticas palabras: Céspedes no podía consentir que a él, encarnación soberana de la sublime rebeldía, le llevaran en triunfo los españoles, preso y amarrado como un delincuente. Aceptó sólo, por breves momentos, el gran combate de su pueblo: hizo frente con su revólver a los enemigos que se le encimaban, y herido de muerte por bala contraria, cayó en un barranco, como un sol de llamas que se hunde en el abismo.