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lunes, 15 de enero de 2018

Julio me regaló una flor



A Julio Castillo ya lo conocía de pasada, sí, por las tantísimas veces que los sábados o domingos visito de modo recurrente el mercado agropecuario Luis Ramírez López, de Bayamo, capital de la suroriental provincia de Granma.
Siempre lo veo en uno de los puntos de venta de productos cárnicos, en su actividad habitual, porque Julio es comerciante; y he considerado  que tiene no solo aptitud, sino capacidad para ejercer su trabajo.
Reconozco que los comerciantes ejercen una de las profesiones más antiguas del mundo. Se ha dicho en la historia del comercio que  las transacciones  en el Neolítico se desarrollaban en la Agricultura, después se fueron ampliando y evolucionando con actividades como el trueque hasta la aparición del dinero.
Muchos miran el oficio de forma despectiva, por la presencia de algunos  que tratan de engañar, en el mismo acto de la transacción comercial, es decir mientras presta el servicio, ya sea alterando las pesas o con otro tipo de artimaña; aun cuando no todos actúan de esa forma.
Calle Siete ha observado el modo en el que Julio, -con sus derechos y obligaciones- acerca a los clientes a sus productos, por esa razón lo caracterizo como un profesional que comercia.
Este sábado no solo compré carne en su puesto de venta, Julio me regaló una flor, y yo, tuve que regalarle una sonrisa.

jueves, 12 de julio de 2012

Manuela, la bodeguera

Cómo es la vida!!!! mientras finalizaba el Día mundial de la población  calculaba yo  mentalmente  cuántas personas de este mundo ancho, globalizado, nada ajeno, y  del reparto bayamés de Marianao, agradecen la gestión comercial que con carácter habitual acostumbra a realizar Manuela  Perera Torres, la administradora de la unidad comercial 3393, Las Delicias. 
La institución está ubicada en Calle 9, esquina a 8; quienes han vivido en Bayamo desde  la década de los años 50 quizás estén más identificados con la bodega de El Chino, el negro alto, flaco y jaranero que atendía con la misma deferencia a los consumidores de Calle Siete.
Pensándolo bien, desde tiempos inmemoriales los comerciantes siempre han sido de los personajes más interesantes y pintorescos de la comunidad y generalmente se contaba con su aporte para conocer de otras comunidades y estilos de vida.
Así el rol del comerciante comenzó a crecer y también la esperanza de la gente, por lo menos en Cuba. Hoy vienen a mi mente recuerdos de la tienda de Arnaldo,  de Alonso, Rafael, la de Evangelista, y otras que eran un apéndice de la residencia de los dueños, siempre sacando cálculos y con un lápiz tras la oreja.
Onaydis Traba Boza, quien conoce bien de la unidad desde que cumplió la mayoría de edad afirma que las consumidores están muy agradecidos con la bodeguera,  quien además de atender como corresponde a quienes asisten allí en busca de los productos de la canasta básica encuentran otros que ni pensaban.
Elena Maillo, la vecina del fondo de mi casa me lo dijo bien claro: "Ella es diferente, desde que llegó el año pasado no solo se dedica a acercar  a sus consumidores productos que de otro modo no se consiguen en la zona, sino que les regala su mejor sonrisa y gratis".
Manuela sintetiza, sin dudas, la bodeguera que yo quisiera tener.