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lunes, 28 de enero de 2013

José Martí en los niños de Mabay

Sé que esta noche demorará más de lo acostumbrado, parecerá eterna, para los niños de la comunidad de Mabay, un poblado de la periferia del municipio granmense de Bayamo. Si yo fuera de su edad, quizás hasta estaría soñando con una entrevista o un encuentro casual, porque no hay expectativa más bonita que celebrar el cumpleaños del Maestro o iniciar la semana en una escuela recién pintada.
Es que ¡quién sabe si en el centro escolar José Martí, alguna de las niñas que aprenden sus primeras lecciones, o más grandecitas, entre las que ya cursan el quinto o el sexto grado, hay una que se parece a  Nené, la niña del cuento Nené Traviesa, de La Edad de Oro!, esa revista llena de ternura y de gran valor formativo para las nuevas generaciones latinoamericanas escrita por el Apóstol.
Eso, lo sabremos esta mañana, cuando la algarabía infantil dé rienda suelta a la imaginación mientras conmemore el aniversario 160 del Héroe Nacional de Cuba, a través de la narración de pasajes  de su vida, juegos, rondas o a través de dramatización de una de sus poesías. ¡Qué linda Los zapaticos de rosa!¡Cuánto placer escucharla una y otra vez! Y siempre nos deja una enseñanza!
 La idea de reanimar la institución surgió de Rafael, el profesor que asesora metodológicamente a los instructores; él y un grupo de los jóvenes de artes plásticas "como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana", se dieron a la tarea de demostrarles a los príncipes enanos el cuidado, la educación y el amor que aquel hombre y Cuba les profesan.
No tengo dudas, en Mabay hay razones más que suficientes para cultivar una rosa blanca, en junio como en enero, y como reciprocidad al cariño inigualable que nos dejó Martí a través de su literatura infantil, además del agradecimiento al concepto más acabado del  conocimiento universal, que trasmitió  su obra.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Rodrigo, maestro de Cuba

No pretendo caminar sobre el agua, ni peco de irracional si hablo hoy, cuando Cuba toda celebra el Día del educador, de la belleza de mi maestro Rodrigo, en la escuela primaria Mártires de Girón, en el municipio de Bayamo.
Y no me refiero a la belleza como categoría estética ni, insisto, mi percepción está relacionada con la definición del filósofo Tomás de Aquino, quien planteaba que lo bello está más cercano a lo formal que al contenido: "pulchra enim dicuntur quae visa placent"; sino más bien vinculada a  ese sentimiento de armonía y equilibrio emocional engendrado por Rodrigo en el increíble acto de enseñar.
Este hombre blanco, bajito, de suave andar ejerció  la influencia pedagógica y didáctica que caracteriza a la escuela cubana, con habilidad extraordinaria, capacidad, fantasía, pasión y talento, por el pleno desarrollo de sus alumnos.
Yo que entré en el maravilloso mundo de los números y letras cuando apenas cumplía los cuatro años de edad, aprendí tempranamente por él  que Martí, nuestro Héroe Nacional, decía que "la imaginación hace daño a la inteligencia, cuando esta no está sólidamente alimentada. La imaginación es el reinado de las nubes, y la inteligencia domina sobre la superficie de la tierra; para la vida práctica, la facultad de entender es más útil que la de bordar fantasmas en el cielo".
Ayer lo vi, quizás esté jubilado, él no lo sabe; pero tuve que enjugarme una lágrima mientras recordaba aquel ambiente acogedor, de respeto e íntimo que sabía generar en el aula. No soy la única que lo lleva en su corazón, en Calle Siete, otros jóvenes le tienen  guardado un lugar especial.
!Cuánto quiero a mi maestro Rodrigo!