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martes, 28 de enero de 2014

Martí y la CELAC

Este 28 de enero tiene un significado distintivo para Cuba. Hoy, José Martí, nuestro Héroe Nacional,  celebra el aniversario 161 de su natalicio justo cuando  La Habana inauguró la Segunda Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, (CELAC), mecanismo de integración nacido por iniciativa del Comandante de la Revolución Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, que aglutina a 33 estados soberanos y tratará los temas  que más palpitan en la región.
Literalmente hablando, desde una voz personalísima, defensora de la justicia social, el evento alude a vivencias comunes, a la autenticidad sintetizadora de los lazos políticos, económico-sociales que nos unen y sedimentan cada cultura, con el atractivo del respeto a la democracia, los derechos humanos y contra el hambre, la pobreza, la desigualdad, el servilismo, la dependencia, el analfabetismo, la insalubridad y contra la injerencia. 
En este camino de mayor autonomía, América Latina y el Caribe quieren reconocerse  bajo un  espíritu coherente, una sola alternativa: UNIDAD, y la mirada escrutadora de Simón Bolívar, Sucre, San Martín ... y otros hombres de pensamiento y acción que han anhelado la Patria Grande.
"Patria, dijo Martí,  es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas".
Calle Siete elige recordar que esas ideas estuvieron presentes también hoy,  en Bayamo, en el desfile que los pioneros y estudiantes le regalaron al Maestro. Yo, en cambio, imagino al más universal de los cubanos demostrando que: "Los pueblos no se unen sino con lazos de fraternidad y amor".      

sábado, 10 de marzo de 2012

Las razones de mi amor

Queridos amigos hoy Calle Siete quiere poner a la consideración de ustedes este texto de Vincenzo Basile.

El verdadero hombre no mira de que lado se vive mejor, sino de que lado está el deber; y ese es el verdadero hombre - José Martí
                                                                                    
Nunca me había definido revolucionario comunista (ni sabía el significado pleno de esa palabra), ni tampoco podía decir que conocía la realidad y la historia cubana. Inundado de informaciones que los medios europeos nos venden, imaginaba Cuba como una de las últimas fortalezas del totalitarismo del siglo XX, herencia de la guerra fría, una dictadura sangrienta que desde hace más de cincuenta años estaba agotando el pueblo, un régimen despótico estilo Nicolae Ceauşescu de la vieja Rumania.
Por suerte soy un muchacho muy curioso y tengo un espíritu crítico que no me permite creer en nada que no veo con mis propios ojos, que no me deja aceptar las cosas y sobretodo las informaciones así como me las presentan, preenvasadas, estereotipadas, impuestas.
Era el verano 2008 cuando, por primera vez, viajé a Cuba. Nunca me ha gustado “ser el típico turista”, el que visita un lugar lejano, a miles de kilómetros de su casa, mas que en realidad no se mueve ni de un solo metro de su ambiente, de su contexto, de su realidad. Por eso, cuando llegó la oportunidad de ir a Cuba con una amiga cubana que vive aquí en Italia, decidí aprovecharla.
¿Qué mejor manera de visitar un país si no en compañía de una persona del lugar y de su familia, en la tranquila Guanabo, en el oriente de La Habana? Tenía la oportunidad de evaluar personalmente las “atrocidades del estalinismo del siglo XXI”.
Sin ningún problema puedo decir que el impacto con Cuba fue profundamente trágico. El calor sofocante en las afueras del aeropuerto de La Habana, las carreteras destruidas y llenas de baches, ese olor muy fuerte de gases de escape de viejos carros americanos y soviéticos que dificultaba el respiro, los edificios en ruinas, cientos de personas en el lado de la carretera haciendo autostop. Ni hablar de los muchísimos carteles en las calles que llevaban consignas sobre consignas con imágenes del Che y de muchas otras personas que ignoraba. ¿Esa era la vanguardia de América? Había caído en uno de los más atrasados y pobres países de del Tercer Mundo. Eso pensé.
Las cosas no mejoraron cuando llegamos a casa de la familia de mi amiga. La casa parecía todavía en construcción; tenía dos cuartos, un pequeño salón, un cuarto de baño y la cocina en el jardín. En esa casa dormían diez personas, sin tener en cuenta a mí y a mis amigos. Cuatro generaciones de cubanos (desde la bisabuela hasta los nietos) vivía ahí. Tenía casi un sentimiento de vergüenza, me sentía mortificado. Estaba allí, con mi maleta llena de ropa y mis zapatos caros, intentando hacer una llamada intercontinental con mi móvil para comunicarme con mi familia, entre personas que vivían una condición de pobreza extrema. Me sentía culpable....intentaba evitar la mirada de cada uno de ellos, sentía que me juzgaban. Parecía que nos trataban como “seres superiores”. Nos sirvieron comida, bebida....era una situación de tremenda vergüenza.
Después de la cena mis amigos se fueron a dormir mientras mi amiga y yo nos quedamos con toda la familia. Había llegado la hora. Tenía que entenderlo. Tenía que comprender si Cuba era verdaderamente el país en ruina que parecía. Despúes de haber hablado de esto y de aquello, introduje el tema “política”. El padre de mi amiga se levantó de la silla, me miró a los ojos y dijo: “Muchacho, ¿quieres hablar de política? Aquí las cosas están del carajo”. Me quedé sin palabras. No sabía como contestar, no sabía que decir. Apenas pude balbucear un “sí, pero....”. Pero nada. Mientras tradaba de hacer una oración con sentido y que no resultase ofensiva, fui interrumpido por el hermano mayor de mi amiga que estaba sentado a mi lado. Con los ojos casi en lágrimas, mirando a su padre, dijo: “....pero la Revolucón ha salvado la vida de mi hijo”. Llamó al hijo de 5 años y le quitó la camiseta; tenía una cicatriz de 5 centímetros en el pecho. Había nacido con una malformación cardíaca grave y los médicos cubanos lo habían operado de forma completamente gratis. Él me dijo que sabía que si eso hubiese ocurrido en otro país del Caribe, de Centro América, de América Latina o en los mismos Estados Unidos, su hijo habría muerto al nacer.
De repente todos empezaron a hablar. Cada uno de ellos contaba su historia, cada uno tenía una razón semejante para agradecer a la Revolución. Supe que el abuelo de mi amiga estaba hospitalizado, por un ataque de corazón; que la hermana estudiaba arquitectura en la universidad, que todos los niños de la familia iban a la escuela primaria.
Hablamos por horas. La fatiga debida a las diez horas de vuelo había desaparecido. Estaba formando parte de un intercambio cultural único, de algo que me estaba cambiando la vida.
Hablando con los otros miembros de la familia, empecé a contextualizar lo que había visto en la tarde, en las afueras del aeropuerto. Esas cosas eran reales, obviamente, pero ellos me dieron una explicación a todo. Las calles destruidas, los carros viejos, las casas en ruinas, el problema del transporte...todo se explicaba con la política que los Estados Unidos llevaban a cabo contra Cuba desde hace cincuenta años, el bloqueo económico, comercial y financiero. En ese momento me pregunté “¿Qué pasaría si un día los socios comerciales de Italia nos impusiesen un semejante bloqueo?” La respuesta fue la más sencilla: “Dentro de un mes, Italia sería más pobre que Cuba”.
Estaba en un país en estado de guerra y, a pesar de eso, su pueblo todavía era capaz de sonreir, de apreciar lo que tiene, de mantener su natural solidaridad. Me dí cuenta que lo que me había parecido un tratamiento debido, era en realidad un verdadero espíritu de hospidalidad, en su forma más pura “mi casa es tu casa” y “lo poco que tenemos lo compartiremos contigo”.
Durante mi permanencia en Cuba, aprendí que esos carteles que parecían ser una sutil obra de adocrtrinamiento, en realidad eran, oraciones de los mártires de la patria cubana como el Che y Camilo o como José Martí, el Maestro, el Héroe Nacional caído en combate contra los invasores españoles, el padre de la cultura cubana. No era adoctrinamiento, como había pensado. Simplemente era una enseñanza de amor a la Patria....¿Hay algo más puro de eso?
Pasaría horas escribiendo líneas sobre líneas si quisiera contar todo lo que vi en Cuba. Sólo les digo que el viajar a Cuba me ha cambiado la vida. Ha cambiado mis perspectivas, mis ambiciones, mis aspiraciones. Entrar en contacto con la realidad cubana significa entrar en un ciclón del cambio, que nunca para. Cada vez que hablo con un cubano, incluso de las cosas más triviales, mi amor por esa Isla grande crece.
Estas son mis razones. Las razones de mi amor. Un amor auténtico, puro, sin condiciones. Un amor que a veces creo que siempre ha estado en mí, aunque cuando ignoraba lo que era Cuba y cual era su historia. Es parte de mí. Cuba es parte de mí.

viernes, 28 de enero de 2011

José Martí y Nuestra América

He sabido por los medios masivos de comunicación  de Cuba, que la Mesa Redonda de hoy, ese espacio informativo de Cubavisión en el que se desmenuzan los temas de actualidad que interesan a este país y al mundo, tiene como tema el ensayo Nuestra América, de José Martí Pérez, el más universal de los cubanos; por eso he querido tratarlo en este, mi pequeño rincón de Calle Siete.
Con el citado ensayo Martí  despierta la necesidad de integrar a todos los países del continente en uno solo, así se insertaba la Isla, y el proyecto de su liberación, no solo en la contextualidad geográfica de la Antillas y el Caribe, sino en el universo de lo que él, desde entonces, comenzó a llamar como "nuestra América"; ese territorio que comprende el continente y las islas, de pueblos que comparten comunidad, etnias, tradiciones, culturas e historia y que se expande desde el Río Bravo hasta la Patagonia, proyecto orgánico de unidad, cuya vigencia se subraya como un implícito reclamo de los padres fundadores.
Hay que tener presente que desde entonces Martí plantea la necesidad de unir fuerzas y lograr el equilibrio para conseguir nuestra propia existencia independiente como pueblos; expresa un programa científico de lucha; constituye un compendio creador de la identidad racional de nuestros pueblos y las formas y medios para preservarla y enriquecerla. Es la autoconciencia la América mestiza, con sus culturas nacionales, henchida de vocación de universalidad, que preludia como ideal la América nueva y tiene como raíz central la dignidad plena del hombre.
La vida lo ha demostrado, las líneas de la política martiana respladecen no como utopías infranqueables, sino como propósitos a favor de las masas más humildes y populares, y hay que verlas en la solidaridad, el intercambio desinteresado con otros pueblos del mundo y especialmente con el Continente Americano, también con el ALBA, Unidad de América Latina y el Caribe que lucha por el bienestar de la región. Igualmente se han creado proyectos como Barrio Adentro, Manuela Espejo, Misión Milagro, la  Escuela Latinoamericana de Medicina, entre otras, con el objetivo de elevar la calidad de vida y que llevan en sí mismas una importante carga de humanismo.
El latinoamericanismo martiano, deudor del bolivariano, aborda, en medio de la emergencia del imperialismo norteamericano, las perspectivas de desarrollo de los pueblos de Nuestra América, como parte indispendsable del equilibrio del mundo, teoría política que trasciende su época y cobra mayor vigencia en la actualidad.