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viernes, 13 de marzo de 2015

Puchichi, el diseñador de La Demajagua



Es difícil borrar los recuerdos. Fuera de Calle Siete suceden hechos que no puedo ni debo obviar. Esta semana, por ejemplo, el corazón de Juan Rodríguez Licea, diseñador gráfico y caricaturista jubilado del periódico La Demajagua, debe haber latido aceleradamente en el homenaje  en Bayamo, como parte  de las actividades por el 14 de Marzo, Día de la prensa cubana.
A Puchichi, como también se le conoce en el gremio, la delegación de jubilados, de la Unión de Periodistas de Cuba,  en Granma, le dedicó el espacio Tengo una historia que contar, en la sede provincial de la organización, donde recibió el sello Aniversario 50 de la Upec, de manos de su esposa y dos de sus tres hijos.
De este colega siempre estará en mi memoria los días y las noches en la redacción del periódico, su romanticismo, su creatividad, entusiasmo, la participación en cuanto concurso aparecía, ya fuera nacional o internacional, la colaboración con  publicaciones como la revista Bohemia, Palante ... 
en el Museo del humor, en San Antonio de los Baños, y también se le tiene presente por sus maldades. Eso bien lo sabe Alina Maillo Fonseca.
Creó el personaje Optimismo, y sus caricaturas,  con las que criticaba y hacía reflexionar sobre diversas debilidades de la cotidianidad, han recorrido países como Brasil, Turquía, Italia, y Francia.
Entre sus logros cuenta, igualmente, el premio Por la obra de la vida Rubén Castillo Ramos; empero estas palabras, al parecer sólidas y artesanas se volverán frágiles ante la inocencia de su carisma ... Y sé que mañana aparecerá Puchichi, o Juan con todo, por los pasillos de la redacción, con una nueva travesura.




martes, 17 de diciembre de 2013

Aysa: Entre historia y misterio

Por fin tengo en mis manos el volumen Capilla Nuestra Señora de Los Dolores. Entre historia y misterio, la obra  refleja el trabajo de restauración en la antigua Parroquial Mayor, de la villa de San Salvador de Bayamo,  inaugurada  en 1740 y que sobrevivió al terremoto de 1766 y al incendio de 1869.
Me enorgullece, además de que se rescató una de las joyas del patrimonio cultural cubano, la participación de Aysa Tornés Guerra, una joven y talentosa licenciada en Biología, especialista en Conservación y Restauración, del museo  Manuel Muñoz Cedeño, perteneciente al Consejo de  Patrimonio Cultural en la suroriental provincia de Granma, vecina de Calle Siete, junto a  técnicos, especialistas y expertos  cubanos e italianos,  y la cooperación del curador y arquitecto Michel Paradiso, estructurado bajo el Programa de Desarrollo Humano Local   de las Naciones Unidas en Cuba.
Sobre el hecho expresó  el doctor Eusebio Leal Spengler: "Un grupo de científicos e historiadores del arte, luego de meticuloso trabajo, nos revelaron un misterio cubierto bajo los velos del tiempo. Al correr hacia  adelante el Retablo, percibieron los vestigios de una soberbia pintura mural que, puesta al descubierto, ha enriquecido con la fuerza de una revelación el patrimonio artístico cubano".

viernes, 25 de octubre de 2013

Cementerio de Bayamo

Miedo tuve, no lo niego, pero mientras caminaba muy de mañana por el cementerio observaba varias  lápidas que expresan por sí mismas las tantísimas historias de la idiosincrasia, vida y muerte que guarda ese sagrado lugar.
Por ejemplo, el de Bayamo, es considerado como de gran riqueza cultural representada por tumbas con altos valores artísticos y patrimoniales, en su mayor parte realizados en mármol y granito, además de que pueden distinguirse diferentes estilos arquitectónicos, como el ecléctico, racionalista y art decó en criptas, panteones, oratorios, cruces, cubiertas, cercados, amorcillos (niños pequeños y alados), entre otras creaciones.
Mi madre, dispuesta siempre a multiplicar la sabiduría popular cubana, asegura que los mencionados sitios están repletos de personas imprescindibles y que esos seres tienen su propio lenguaje. Yo sé que es verdad.
En la necrópolis bayamesa se encuentra la única estatua a cuerpo completo tallada en mármol de Carrara, Italia, existente en Granma, territorio del suroriente de Cuba, y pertenece al ilustre abogado Elpidio Estrada.

No hay guía; pero muchos se detienen ante la áspera piedra de la poetisa María Luisa Milanés (María Luisa Enriqueta del Carmen Milanés 1893-1919), o Liana de Lux, quien a los 26 años de edad se disparó un tiro en su hogar bayamés.


Epitafio

Quiero una piedra blanca y no pulida
Sobre la tierra que mis huesos cubra,
Sin cruz, que una muy grande arrastré en vida.
No quiero que ninguno se descubra
Al detenerse ante la tumba oscura
De quien murió de angustias y amargura.
Ni un nombre, ni una fecha, ni unas flores.
Quiero sobre la piedra, ni oraciones,
Ni llantos ni recuerdos; mis amores
Que olviden, y también mis aflicciones,
Los que en la vida vieron en voltario
Giro mis pasos por la senda umbría…
¡Silencio y paz para la tumba mía!
¡Por lo menos allí ni un comentario!

También reposan allí, los restos de Sindo Garay (Antonio Gumersindo Garay  García 1867-1968), uno de los más altos exponentes de la trova tradicional cubana, entre otras personalidades.



 Siento mucho respeto por la vida ... y la muerte, Calle Siete también.

sábado, 10 de marzo de 2012

Las razones de mi amor

Queridos amigos hoy Calle Siete quiere poner a la consideración de ustedes este texto de Vincenzo Basile.

El verdadero hombre no mira de que lado se vive mejor, sino de que lado está el deber; y ese es el verdadero hombre - José Martí
                                                                                    
Nunca me había definido revolucionario comunista (ni sabía el significado pleno de esa palabra), ni tampoco podía decir que conocía la realidad y la historia cubana. Inundado de informaciones que los medios europeos nos venden, imaginaba Cuba como una de las últimas fortalezas del totalitarismo del siglo XX, herencia de la guerra fría, una dictadura sangrienta que desde hace más de cincuenta años estaba agotando el pueblo, un régimen despótico estilo Nicolae Ceauşescu de la vieja Rumania.
Por suerte soy un muchacho muy curioso y tengo un espíritu crítico que no me permite creer en nada que no veo con mis propios ojos, que no me deja aceptar las cosas y sobretodo las informaciones así como me las presentan, preenvasadas, estereotipadas, impuestas.
Era el verano 2008 cuando, por primera vez, viajé a Cuba. Nunca me ha gustado “ser el típico turista”, el que visita un lugar lejano, a miles de kilómetros de su casa, mas que en realidad no se mueve ni de un solo metro de su ambiente, de su contexto, de su realidad. Por eso, cuando llegó la oportunidad de ir a Cuba con una amiga cubana que vive aquí en Italia, decidí aprovecharla.
¿Qué mejor manera de visitar un país si no en compañía de una persona del lugar y de su familia, en la tranquila Guanabo, en el oriente de La Habana? Tenía la oportunidad de evaluar personalmente las “atrocidades del estalinismo del siglo XXI”.
Sin ningún problema puedo decir que el impacto con Cuba fue profundamente trágico. El calor sofocante en las afueras del aeropuerto de La Habana, las carreteras destruidas y llenas de baches, ese olor muy fuerte de gases de escape de viejos carros americanos y soviéticos que dificultaba el respiro, los edificios en ruinas, cientos de personas en el lado de la carretera haciendo autostop. Ni hablar de los muchísimos carteles en las calles que llevaban consignas sobre consignas con imágenes del Che y de muchas otras personas que ignoraba. ¿Esa era la vanguardia de América? Había caído en uno de los más atrasados y pobres países de del Tercer Mundo. Eso pensé.
Las cosas no mejoraron cuando llegamos a casa de la familia de mi amiga. La casa parecía todavía en construcción; tenía dos cuartos, un pequeño salón, un cuarto de baño y la cocina en el jardín. En esa casa dormían diez personas, sin tener en cuenta a mí y a mis amigos. Cuatro generaciones de cubanos (desde la bisabuela hasta los nietos) vivía ahí. Tenía casi un sentimiento de vergüenza, me sentía mortificado. Estaba allí, con mi maleta llena de ropa y mis zapatos caros, intentando hacer una llamada intercontinental con mi móvil para comunicarme con mi familia, entre personas que vivían una condición de pobreza extrema. Me sentía culpable....intentaba evitar la mirada de cada uno de ellos, sentía que me juzgaban. Parecía que nos trataban como “seres superiores”. Nos sirvieron comida, bebida....era una situación de tremenda vergüenza.
Después de la cena mis amigos se fueron a dormir mientras mi amiga y yo nos quedamos con toda la familia. Había llegado la hora. Tenía que entenderlo. Tenía que comprender si Cuba era verdaderamente el país en ruina que parecía. Despúes de haber hablado de esto y de aquello, introduje el tema “política”. El padre de mi amiga se levantó de la silla, me miró a los ojos y dijo: “Muchacho, ¿quieres hablar de política? Aquí las cosas están del carajo”. Me quedé sin palabras. No sabía como contestar, no sabía que decir. Apenas pude balbucear un “sí, pero....”. Pero nada. Mientras tradaba de hacer una oración con sentido y que no resultase ofensiva, fui interrumpido por el hermano mayor de mi amiga que estaba sentado a mi lado. Con los ojos casi en lágrimas, mirando a su padre, dijo: “....pero la Revolucón ha salvado la vida de mi hijo”. Llamó al hijo de 5 años y le quitó la camiseta; tenía una cicatriz de 5 centímetros en el pecho. Había nacido con una malformación cardíaca grave y los médicos cubanos lo habían operado de forma completamente gratis. Él me dijo que sabía que si eso hubiese ocurrido en otro país del Caribe, de Centro América, de América Latina o en los mismos Estados Unidos, su hijo habría muerto al nacer.
De repente todos empezaron a hablar. Cada uno de ellos contaba su historia, cada uno tenía una razón semejante para agradecer a la Revolución. Supe que el abuelo de mi amiga estaba hospitalizado, por un ataque de corazón; que la hermana estudiaba arquitectura en la universidad, que todos los niños de la familia iban a la escuela primaria.
Hablamos por horas. La fatiga debida a las diez horas de vuelo había desaparecido. Estaba formando parte de un intercambio cultural único, de algo que me estaba cambiando la vida.
Hablando con los otros miembros de la familia, empecé a contextualizar lo que había visto en la tarde, en las afueras del aeropuerto. Esas cosas eran reales, obviamente, pero ellos me dieron una explicación a todo. Las calles destruidas, los carros viejos, las casas en ruinas, el problema del transporte...todo se explicaba con la política que los Estados Unidos llevaban a cabo contra Cuba desde hace cincuenta años, el bloqueo económico, comercial y financiero. En ese momento me pregunté “¿Qué pasaría si un día los socios comerciales de Italia nos impusiesen un semejante bloqueo?” La respuesta fue la más sencilla: “Dentro de un mes, Italia sería más pobre que Cuba”.
Estaba en un país en estado de guerra y, a pesar de eso, su pueblo todavía era capaz de sonreir, de apreciar lo que tiene, de mantener su natural solidaridad. Me dí cuenta que lo que me había parecido un tratamiento debido, era en realidad un verdadero espíritu de hospidalidad, en su forma más pura “mi casa es tu casa” y “lo poco que tenemos lo compartiremos contigo”.
Durante mi permanencia en Cuba, aprendí que esos carteles que parecían ser una sutil obra de adocrtrinamiento, en realidad eran, oraciones de los mártires de la patria cubana como el Che y Camilo o como José Martí, el Maestro, el Héroe Nacional caído en combate contra los invasores españoles, el padre de la cultura cubana. No era adoctrinamiento, como había pensado. Simplemente era una enseñanza de amor a la Patria....¿Hay algo más puro de eso?
Pasaría horas escribiendo líneas sobre líneas si quisiera contar todo lo que vi en Cuba. Sólo les digo que el viajar a Cuba me ha cambiado la vida. Ha cambiado mis perspectivas, mis ambiciones, mis aspiraciones. Entrar en contacto con la realidad cubana significa entrar en un ciclón del cambio, que nunca para. Cada vez que hablo con un cubano, incluso de las cosas más triviales, mi amor por esa Isla grande crece.
Estas son mis razones. Las razones de mi amor. Un amor auténtico, puro, sin condiciones. Un amor que a veces creo que siempre ha estado en mí, aunque cuando ignoraba lo que era Cuba y cual era su historia. Es parte de mí. Cuba es parte de mí.