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jueves, 18 de octubre de 2012

Bayamo está de Fiesta




Bayamo amaneció coqueta, sus adoquines, piedras y coches transpiran historia, identidad y tradiciones por todas sus arterias. Los habitantes de la villa fundada en 1513 por el Adelantado Diego Velázquez solo hablan de la XVIII edición de la Fiesta de la cubanía, la jornada más importante de la cultura cubana.

Sencilla y naturalmente, la capital de la provincia de Granma, en el oriente del país cambió su ritmo cotidiano para abrir su corazón a investigadores, escritores, artistas de todas las manifestaciones del arte, poetas y realizadores audiovisuales, quienes celebrarán con mis coterráneos hasta el 20 venidero, coincidiendo con el aniversario 144 del estreno de La Bayamesa, pieza musical devenida en Himno Nacional de Cuba. 
La festividad  honra también el bicentenario del Proyecto constitucional de Joaquín Infante y la Conspiración de José Antonio Aponte y se rendirá homenaje al poeta Juan Clemente Zenea, en el aniversario 180 de su natalicio.
Ahora mismo tiene lugar el esperado concierto-espectáculo Carnaval de Raúl Paz, uno de los más destacados cantautores cubanos contemporáneos de la música tecnopop,  rock, trova, salsa, jazz y fusión, que aborda en sus letras temas muy actuales y cotidianos, por eso los jóvenes de Calle Siete optaron por encontrarse esta noche en la bayamesa Plaza de Fiestas.
Ven a mi ciudad al evento Crisol de la Nacionalidad, a encontrarte con figuras como Pedro Luis Ferrer y disfrutar de la presentación  del ballet juvenil de la compañía de Lizt Alfonso. 
Bayamo está de Fiesta, ven yo invito!



martes, 17 de noviembre de 2009

Fidelia

“Lo único malo del amor y la ternura es no tenerlos, eso aprendí de Fidelia”, la elegía, en forma de romance lírico, escrita por el poeta de Bayamo Juan Clemente Zenea, en la segunda mitad del Siglo XIX, me aseguró Daniel de Jesús, mientras conversábamos sobre el idealismo ingenuo y perezoso de algunos jóvenes que no reconocen que hay mucho que trabajar, estudiar y aprender.
La obra es una de las más hermosas, singulares y delicadas de Cuba y de la lengua castellana por el ritmo exquisito de sus versos, la tenue expresión del dolor individual, la fina matización de esa honda desolación interior a través de bellas imágenes y metáforas, y las suaves notas con que pinta la naturaleza en torno a la pareja enamorada y los símbolos del transcurrir del tiempo:
‘unas aguas que se agotan’, ‘unas plantas que se secan’, que retornan al final del poema para acompañar el dolor por la muerte de su amada.
Y como también es una exaltación del amor y una afirmación de su perdurabilidad quiero compartirla con mis amigos.

FIDELIA

Et dans chaque feuille qui tombe
Je vois un presage de mort.
Millevoye

¡Bien me acuerdo! ¡Hace diez años!
¡Y era una tarde serena!
¡Ya era joven y entusiasta,
pura, hermosa y virgen ella!
Estábamos en un bosque
sentados sobre una piedra,
mirando a orillas de un río
como temblaban las hierbas.

¡Yo no soy el que era entonces
corazón en primavera,
llama que sube a los cielos,
alma sin culpas ni penas!
Tú tampoco eres la misma,
no eres ya la que tú eras,
los destines han cambiado:
¡yo estoy triste y tú estás muerta!

La hablé al oído en secreto
y ella inclinó la cabeza,
rompió a llorar como un niño,
y yo amé por vez primera.
Nos juramos fe constante,
dulce gozo y paz eterna,
y llevar al otro mundo
un amor y una creencia.

Tomamos, ¡ay!, por testigos
de esta entrevista suprema,
¡unas aguas que se agotan
y unas plantas que se secan!...
¡Nubes que pasan fugaces,
auras que rápidas vuelan,
la música de las hojas,
y el perfume de las selvas!

No consultamos entonces
nuestra suerte venidera,
y en alas de la esperanza
lanzamos finas promesas;
no vimos que en torno nuestro
se doblegaban enfermas
sobre los débiles tallos
las flores amarillentas.

Y en aquel loco delirio
no presumimos siquiera
¡que yo al fin me hallara triste!
¡Que tú al fin te hallaras muerta!
Después en tropel alegre
Vinieron bailes y fiestas,
y ella expuso a un mundo vano
su hermosura y su modestia.

La lisonja que seduce,
y el engaño que envenena,
para borrar mi memoria
quisieron besar sus huellas;
pero su arcángel custodio
bajó a cuidar su pureza,
y protegió con sus alas
las ilusiones primeras;

conservó sus ricos sueños,
y para gloria más cierta
en el vaso de su alma
guardó el olor de las selvas;
guardó el recuerdo apacible
de aquella tarde serena,
¡mirra de santos consuelos,
áloe de la inocencia!...

Yo no tuve ángel de guarda,
Y, para colmo de penas,
desde aquel mismo momento
está en eclipse mi estrella;
que en un estrado una noche,
al grato son de la orquesta,
yo no sé por qué motivo
se enlutaron mis ideas;

sentí un dolor misterioso,
torné los ojos a ella,
presentí lo venidero:
¡me vi triste y la vi muerta!
Con estos temores vagos
partí a lejanas riberas,
y allá bañé mis memorias
con una lágrima acerba.

Juzgué su amor por el mío,
entibióse mi firmeza,
y en la duda del retorno
olvidé su imagen bella,
pero al volver a mis playas,
¿qué cosa Dios me reserva?...
¡Un duro remordimiento,
y el cadáver de Fidelia!

Baja Arturo al occidente
bañado en púrpura regia,
y al soplar del manso Alisio
las eolias arpas suenan;
gime el ave sobre un sauce,
perezosa y soñolienta,
se respira un fresco ambiente,
huele el campo a flores nuevas;

las campanas de la tarde
saludan a las tinieblas,
¡y en los brazos del reposo
se tiende naturaleza!...
¡Y tus ojos se han cerrado!
|Y llegó tu noche eterna!
¡Y he venido a acompañarte,
y ya estás bajo la tierra!...

¡Bien me acuerdo! Hace diez años
de aquella santa promesa,
y hoy vengo a cumplir mis votos,
¡y a verte por vez postrera!
Ya he sabido lo pasado...
Supe tu amor y tus penas,
y hay una voz que me dice
que en tu alma inmortal me llevas.

Mas... lo pasado fue gloria,
pero el presente, Fidelia,
el presente es un martirio,
¡yo estoy triste y tú estás muerta!

lunes, 16 de noviembre de 2009

Zenea

Por una tarea extraclases de la escuela de mi hijo me acerqué un poco más a Juan Clemente Zenea, este escritor nacido en el municipio de Bayamo, Granma, entonces provincia de Oriente, el 24 de febrero de 1832 y que ejerció gran influencia en la literatura cubana al retomar el romanticismo y marcar una nueva línea en la poesía hispanoamericana.
En 1845 entra al colegio de José de la Luz y Caballero, donde manifiesta por primera vez su inclinación hacia la literatura. En 1846 publicó sus primeros poemas en el periódico habanero La Prensa, en el cual llegó a ser redactor en 1849.
A partir de ese momento el número de sus obras aumentaron considerablemente, por ejemplo, publicó con José Fornaris y Rafael Otero “La mujer ¿Es un ángel? ¡No es un ángel! ¿Si será o no será?”. Realizó la redacción de Almendares junto a Idelfonso Estrada Zenea y colaboró en La voz del pueblo.
Se vio obligado a emigrar a Nueva Orleans, Estados Unidos, en 1852. Desde allí colaboró en El correo de Louisiana, El Independiente y Faro de Cuba, llevando a cabo una fuerte campaña contra el gobierno español. Luego se traslada a Nueva York y desde allí trabaja para El Filibustero, La Verdad y El Cubano.
Fue condenado a muerte en La Habana en 1853 por sus actividades en contra del gobierno español, pero debido a la amnistía general es perdonado y puede regresar a Cuba al año siguiente. Desde entonces ejerció en el colegio de José de la Luz y Caballero como profesor de inglés. Su obra en general es bastante extensa, y ha sido reconocida numerosas veces, varios de sus poemas se incluyen en El laúd del desterrado y es innumerable la cantidad de artículos suyos que aparecen en publicaciones cubanas y españolas de la época, por ejemplo en La Chamarreta, El Siglo, Revista del pueblo de Cuba, Ofrenda al Bazar, Álbum cubano de lo bueno y lo bello, La Piragua, Brisas de Cuba, Floresta Cubana y Guirnalda Cubana, entre estas también se incluyen las siguientes revistas españolas La América y La Ilustración Republicana Federal. Fundó y dirigió la Revista Habanera.
En 1865 regresa a Nueva York colaborando con la Revista del Nuevo Mundo. Luego se traslada a México para trabajar en la publicación Diario Oficial. Al comenzar la guerra de 1868 en Cuba regresa a los Estados Unidos en pro de la causa, pero cada una de las expediciones en que tomó parte fue un fracaso. Logra llegar a Cuba clandestinamente en 1870, y luego de una entrevista con Carlos Manuel de Céspedes, líder del alzamiento, fue apresado por las tropas españolas tratando de regresar a los Estados Unidos; y fusilado en 1871.
Entre sus poemas más reconocidos están En un álbum, Fidelia, A una golondrina, Diario de un mártir, Ausencia, En Greenwood, Nocturno, Las sombras, Retorno, Oriente, y Ocaso.