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domingo, 31 de julio de 2016

Por eso yo no me embarazo

Esta mujer que ves aquí y carga 87 años de edad sobre sus espaldas nació en el campo, quizá por esa razón le encanta el sonido del viento, el canto de los pájaros, ver cómo caen las hojas de los árboles, el río, el olor de la tierra recién arada, las yuntas de bueyes y las muchas sensaciones que le traen de la infancia y la juventud Guasimilla, uno de los barrios de la periferia del municipio de Bayamo, la capital de la provincia de Granma.
A la altura de su edad, la emoción de mi madre siempre crece cuando cuenta anécdotas e historias que la acompañan y anidan en los recovecos de su fisonomía. Ella es de las que desayunan café con sueños sin hablar del neoliberalismo que nos recetan otros sitios cercanos y lejanos de Cuba.
Ebis Luisa González Tornés recuerda un lugar singular, evocador de palabras cultivadas e imágenes elocuentes, la metáfora perfecta, la excusa ideal, cabecera y pies para quien prefiera solo cantar en la intimidad de los pensamientos ... aun cuando, generalmente, deja volar la imaginación.
En ese mundo tan sencillo  y para Calle Siete, al mismo tiempo, amargo, a veces,  la magia que lleva dentro se adueña de las palabras, entonces deja asomar un punto de la conexión con sus miedos y aparecen respuestas que descarga con energía en las ingenuas ocurrencias cotidianas que sacan la sonrisa de quienes la escuchan.
Así, por ejemplo, en una conversación en la que nos referíamos a los riesgos a los que se enfrentan las adolescentes que tienen una actitud irresponsable con respecto a la sexualidad, ni corta ni perezosa, soltó una carcajada y aseguró: ¨Por eso yo no me embarazo¨.
 


martes, 3 de noviembre de 2009

José Roberto

Mientras meditaba sobre lo incomprensible que me resulta la conducta de Daniel ante determinados fenómenos el parte del tiempo me auguraba un día con denso olor a metamorfosis, a hierba fresca recién cortada … y qué mejor ambiente para encontrarme con José Roberto Espinosa, un joven recientemente graduado como técnico medio en la especialidad de Contabilidad, y que me ha llevado a detenerme en el difícil estadio de la adolescencia.
Cuando pensé que la crisis no tenía solución, por sus palabras, llenas de sabiduría y buen juicio, comprendí que mi hijo y yo pasamos del estrés, -como consecuencia de los cambios físicos, emocionales y sexuales- requerido tanto de apoyo como de recursos psicológicos, a un proceso de reorganización y reestructuración de nuestras funciones sociales.
El diálogo, además confirmó que, en ese período de constante reflexión, la vida conforma en el espacio de los muchachos no solo un mundo por explorar y aprender, sino que aconseja a los padres, y a la sociedad toda, asumir cada experiencia con responsabilidad, a meternos en su piel para conocer de preguntas y necesidades.
A través de los ojos de Robertiquín leí que, aunque no sabe que va camino de la adultez, él también va buscando su identidad y elaborando un proyecto de vida en el que no caben el alcohol ni el tabaco, y a mí me corresponde enseñarles a captar lo auténtico, lo verdadero.
Y aunque me preocupa el futuro de Daniel y José Roberto, uno de sus amigos, estoy confiada porque conozco las estrategias, las transformaciones en la Educación y los desvelos de Cuba por la formación de los jóvenes, aparte de proporcionarles la libertad y la autonomía para elegir.