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jueves, 12 de noviembre de 2015

Nueva energía en El Valle de Bayamo



Se conoce, desde que se descubrió la energía eléctrica, como fuente de energía renovable, que esta puede transformarse en muchas formas: lumínica o luz, mecánica, térmica, química, nuclear, eólica, solar… y ahora mismo se me ocurre incorporar, no sé por qué, la energía comunitaria.
En realidad, lo digo teniendo en cuenta que la vida en Calle Siete se escapa a la imaginación desde que la Organización Básica Eléctrica, de Bayamo, multiplicó el único transformador que transportaba su preciada carga a los metrocontadores de los hogares, desde Calle 10 hasta Avenida de los Mártires, para entregar mejor voltaje e intensidad.
Incontables apagones por sobrecarga, corto circuito o  inclemencias del tiempo causaban recurrentes molestias a partir de las seis de la tarde, sin embargo, no obstante la alta dependencia de los combustibles importados para la producción de energía en Cuba, existe la voluntad política de llevar a los enchufes y tomas la necesaria para echar a andar radios, televisores, cocinas y refrigeradores, entre otros aparatos de la más diversa naturaleza que utilizamos en nuestras viviendas, de una manera más eficiente.
La provincia de Granma y el país trabajan duramente para disminuir los costos de la energía entregada, bajar la contaminación generada por la producción de energía con tecnologías más limpias y eficaces, el aprovechamiento de la bioenergía, priorizan el programa de desarrollo eólico, hidráulico y fotovoltaico, como perspectivas de la energía alternativa y las políticas para su uso eficiente.
Ello, sin contar que los esfuerzos hoy se dirigen a erradicar las pérdidas en las redes de distribución y de la Revolución Energética, una iniciativa de Fidel Castro, en busca del desarrollo independiente, seguro, sostenible, en defensa del medioambiente, con enfoque educativo, para lo cual también se apoyó en los trabajadores sociales: cambio de millones de bombillos incandecentes, molinos de viento y venta de cocinas de inducción, entre otras posibilidades para el ahorro.
Por lo pronto, mis vecinos y yo agradecemos a Andrecito y  a sus colegas, la prontitud con que cambiaron dos postes de madera por dos de hormigón prefabricado: uno por frente a la casa de Yolanda y el otro frente a la de Joaquín, y procuraron, con su trabajo, hacernos un poquito más felices.






jueves, 15 de octubre de 2009

Ivette

“A mal tiempo buena cara” es un refrán que aconseja tranquilidad y entereza ante las contrariedades y vicisitudes, y mis vecinos no solo lo tienen presente, sino que cuando los astros de la noche alumbran las aceras, comienza una tormenta de ideas sobre los más variados temas de la cotidianidad.
Así, sabedores de que en estos tiempos se requiere utilizar los recursos materiales, incluso humanos, de la manera más racional posible, muchas veces los diálogos devienen aguzados análisis por el ahorro de energía, reordenamiento económico en Cuba, producción de alimentos y otros que resultan tan perentorios por su influencia en la educación de la sociedad como la higiene.
Hablando de este último, Ivette Ruiz Carbonell, la médica que multiplicó sus energías y desvelos en tierras de Bolivia, fue clara cuando aconsejó tenerlo en cuenta pues la higiene como parte de la Medicina enseña a conservar la salud y a precaver las enfermedades, lo cual lleva a suponer que un ambiente adecuado, limpio y bello -en las viviendas, la calle, la circunscripción, el Consejo Popular, la escuela, la ciudad o el centro de trabajo al cual estamos vinculados- resulte por sí mismo una garantía para la calidad de vida.
Sí, preocupa sobre todo asumir la prevención como el aspecto más objetivo para evitar enfermedades respiratorias agudas, la Influenza A (H1N1), la conjuntivitis u otras trasmisibles. Y esa es una actitud que debe ser sistemática porque no hay nada más importante que la salud.