Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Barnet. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Barnet. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de noviembre de 2016

Bayamo cumple 503 años



Bayamo está cumpliendo 503 años de fundada y continúa  seduciendo y enamorando a sus hijos y a quienes visitan a la ciudad. He considerado dejarles este discurso de Miguel Barnet, porque la describe y la caracteriza tal cual es.  
Discurso de Miguel Barnet, presidente nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba,  en la XXII edición de la Fiesta de la Cubanía, en Bayamo.
Hay ciudades en las que cabe un país. Una de ellas es Bayamo. A más de medio milenio de existencia, sus raíces se afianzan y multiplican. Bayamo es historia viva. Aquí estuvo asentada una de las comunidades más prósperas de los pobladores originarios de la isla. En una comarca cercana, Hatuey, llegado desde tierras vecinas dio un temprano ejemplo de rebeldía contra la colonización española y pagó con su vida, en la hoguera.
Bayamo también se ubica en la geografía fundacional de las letras cubanas, pues desde esta villa en 1604 partieron varios de sus habitantes a combatir al pirata Gilberto Girón, sucesos recogidos en el poema Espejo de Paciencia. "Comenzar una literatura con un título de tan milenario refinamiento como Espejo de Paciencia, nos sobresalta y acampa, nos maravilla y resguarda", dijo Lezama Lima. No deja de ser elocuente la descripción que el autor de la obra, Silvestre de Balboa, hace del héroe del episodio:
Andaba entre los nuestros diligente / Un etíope digno de alabanza, / Llamado Salvador, negro valiente, / De los que tiene Yara en su labranza; / Hijo de Golomón, viejo prudente: / El cual armado de machete y lanza
Cuando vio a Gilberto andar brioso, / Arremete contra él cual león furioso...
¿Acaso no fue aquella una anticipación de la savia épica que nutriría el espíritu de los hijos de esta tierra que protagonizaron las gestas independentistas del siglo XIX?
El 20 de octubre de 1868, jornada en que se cantó por primera vez el Himno de Bayamo, nuestro Himno Nacional, no fue una casualidad histórica, sino consecuencia de la toma de conciencia que los cubanos teníamos de ser libres y decidir nuestro destino.
Diez días antes, en el ingenio Demajagua, Carlos Manuel de Céspedes se había alzado en armas por la independencia de la isla. Al gesto político se sumó otro de profundo significado social: la libertad a los esclavos. Abolición e independencia en un mismo haz, como Io había querido José Antonio Aponte en 1812. Patria y justicia social desde entonces inseparables.
Antiguos esclavos, cimarrones, negros libertos, campesinos, modestos artesanos y colonos agrícolas, maestros, gente sencilla toda junto a un sector del patriciado que renunció a su origen de clase integraron la vanguardia de los combatientes en el impulso inicial de la guerra y, no pocos de ellos, radicalizados, la llevaron hasta los últimos actos, sin dejarse vencer por la capitulación del Pacto del Zanjón. La Protesta de Baraguá, con Maceo, simbolizó la altura patriótica y ética de aquellos hombres.
La abolición definitiva de la esclavitud tuvo que esperar al fin de la guerra. Aunque desde mucho antes los propios esclavos sublevados fraguaron su libertad en los montes. Una estrecha lectura de la economía política explica la obsolescencia del régimen esclavista por ser un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas y la modernidad capitalista. Al conmemorar este año el aniversario 130 de la abolición, no debemos olvidar que por más razones tecnocráticas que se puedan esgrimir, el tiro de gracia a la esclavitud fue dado por quienes en el campo de batalla dieron su sangre por la libertad de Cuba. El grito de Independencia o Muerte lanzado en Demajagua implicó desde su propia raíz la decisión de acabar con el infamante sistema.
En el memorable discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro en ocasión de conmemorar los Cien Años de Lucha, calificó “aquella decisión de abolir la esclavitud” como “la medida más radicalmente revolucionaria que se podía tomar en el seno de una sociedad genuinamente esclavista”.
Martí enalteció el gesto cespediano al describir la escena del 10 de octubre con estas palabras: “Tras unos instantes de silencio, en que los héroes bajaron la cabeza para ocultar sus lágrimas solemnes, aquel pleitista, aquel amo de hombres, aquel negociante revoltoso, se levantó como por increíble claridad transfigurado. Y no fue más grande cuando proclamó a su patria libre, sino cuando reunió a sus siervos, y los llamó a sus brazos como hermanos”.
Nunca será suficiente insistir en la deuda contraída con la memoria de Carlos Manuel de Céspedes y su pasión revolucionaria. Hizo caso omiso a quienes postergaban el inicio de las acciones, y se lanzó al combate en el momento justo. No se arredró en la noche triste del 11 de octubre cuando la pretensión de tomar el poblado de Yara se frustró y quedaron dispersas las fuerzas insurrectas. Por el contrario, reagrupó las huestes, concertó nuevas acciones con la colaboración de los más decididos patriotas y pronto, en apenas días, la revolución triunfó en Baire y Jiguaní, Guisa y El Horno, Cauto del Paso y EI Dátil.
Bayamo, su Bayamo, estaba en la mira de la estrategia. EI 18 de octubre comenzó el asedio a las tropas coloniales en la villa. Francisco Vicente Aguilera, que poco antes había dudado acerca de la pertinencia del alzamiento, tuvo la grandeza de aceptar el liderazgo de Céspedes y asumió posiciones en la entrada a la ciudad desde Holguín para impedir el envío de refuerzos a la guarnición española. En menos de 48 horas se liquidó la resistencia. Bayamo era territorio libre.
Al lado de Céspedes se erguía un bayamés a quien celebramos hoy: Perucho Figueredo, el autor del Himno. La historia de este símbolo se remonta a una de las reuniones de iniciación del Comité Revolucionario de Bayamo. La fecha nos estremece: 13 de agosto de 1867. Aguilera fue designado su presidente, asistido por Maceo Osorio y Perucho. Los amigos conspiradores solicitaron a Perucho un himno que, como la Marsellesa, enardeciera los ímpetus combativos. Al amanecer del día siguiente el ilustre bayamés había concluido la melodía y más tarde en la noche, compartió la obra, tocada al piano, con sus cofrades.
“La bayamesa”, título original de la composición, arropada por la orquestación del maestro Manuel Muñoz, tuvo su primera audición pública en la Iglesia Mayor el 11 de junio de 1868, en la festividad del Corpus Christi. El gobernador militar de la plaza se dio cuenta de que la pieza distaba de responder a los códigos de la música sacra y requirió a Muñoz y Perucho. Este respondió con ingenio y cautela:
"Señor Gobernador, no me equivoco al asegurar, como aseguro, que no es usted músico. Por lo tanto, nada Io autoriza a usted para decirme que ese es un canto patriota". El representante de la metrópoli no se dio por vencido y ripostó "Dice usted bien; no soy músico, pero tenga la seguridad de que no me engañó. Puede usted retirarse con esa certidumbre”.
Con Bayamo en manos de los revolucionarios, el 20 de octubre Perucho Figueredo completó su obra al dar a conocer los versos seguramente pensados o escritos antes de que la memoria popular consagrara su imagen de patriota inspirado sobre la cabalgadura mambisa en lo que Martí llamó “la hora más bella y solemne de nuestra patria”.
Con el tiempo, la frase inicial, “Al combate, corred, bayameses”, implicó a todos los cubanos. El Himno de Bayamo lo fue, lo es, de toda Cuba. Es un canto de combate y victoria, de lo que somos y no renunciaremos a ser. Es símbolo de nuestra nación no solo porque ello se establezca en decretos oficiales, sino porque a lo largo de casi siglo y medio ha encarnado en nuestro espíritu, al punto que es ya parte inalienable de nuestra identidad.
El Himno expresa una noción que nos define y a la cual se refirió el maestro de todos los cubanos Fernando Ortiz cuando afirmó: “la cubanidad es principalmente la peculiar calidad de una cultura, la de Cuba. La cubanidad es condición del alma, es  complejo de sentimientos, ideas y actitudes”.
Condición que en estos momentos, quizás como nunca, se nos presenta esencial e insustituible para afirmar nuestra capacidad de resistencia y vocación revolucionaria. Ante los renovados intentos de recolonizarnos y disolvernos, por parte de un adversario que nunca ha dejado de mirar a Cuba como su patio trasero nuestro himno hoy más que nunca es canto de rebeldía.
Permítanme compartir una vivencia. En mis días de juventud, durante la crisis de Octubre, tuve la necesidad de expresar, mi sentido de pertenencia.
Entonces escribí este poema al que titulé “Patria”, con el que termino estas palabras.

PATRIA
No puedo esperar más / digo y vuelvo a repetir ahora / que cada dia que pasa / quiero más este viento debajo delas hojas. / Esta casa que mis ojos han visto diariamente / que yo sabré cuidar / y la sombra del jagüey / y la tierra. / Pero no basta. Ahora van a oírme una voz / templada en el fuego / porque han preguntado por mí. / Y me parece que se trata de un amigo cercano / y mi corazón me entiende / y yo se que a mi lado, en los pueblos, lejos, en el campo / hay una fuerza como el viento / que está dispuesta a defender la vida.

jueves, 20 de octubre de 2016

Bayamo y la Fiesta de la Cubanía



Cuando en los caminos de la Mayor de las Antillas se habla de cómo se levanta Guantánamo por encima de los estragos causados por el huracán y los estudiantes fundamentan los alcances criminales del bloqueo impuesto Matthew, los 30 años de la Asociación Hermanos Saíz, joven vanguardia de creadores por Estados Unidos -considerado el mayor peligro externo de nuestra identidad- a Cuba por más de cinco décadas, en la provincia de Granma se extiende alta y limpia la luz del día.
En cualquier pedazo de este suelo, o en el asombro de lo bello que existe en la consagración a lo cercano, a lo sensible, a lo necesario, a la Patria, que es humanidad y condición esencial del cubano para ser universal se respira cubanía, por eso todo es más fácil.
Bayamo, desde el 17 reciente ha vivido hasta hoy, Día de la cultura cubana, intensas jornadas de defensa de lo autóctono, con diversas expresiones culturales y manifestaciones artísticas que alimentaron el espíritu nacional, ese que es savia de lo mejor de la creación formal y conceptual, por su proyección social y su compromiso con el pueblo.
Sin dudas, la Fiesta ha sido un derroche de buen hacer. Elisa llegó trasnochada a La Demajagua, como consecuencia de los intercambios con la música de Pancho Amat, Eliades Ochoa y David Blanco; Luis Carlos Frómeta se refiere con muchos elogios para el acto de entrega del premio José Joaquín Palma, y todos hablan de la presencia  de Miguel Barnet, presidente nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Abel Prieto, ministro de Cultura, y otras personalidades de la intelectualidad como Fernando Martínez Heredia, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Rogelio Martínez Furé, Premio Nacional de Literatura 2015.
Entre los atractivos puedo mencionar al evento teórico Crisol de la Nacionalidad Cubana, se develó una escultura en cera de Nicolás Guillén, hubo exposiciones de artes plásticas, descarga de trovadores, poetas y narradores, además de cine, danza y las tradiciones.
Cada año se celebra aquí el Día de la cultura cubana, como conmemoración del 20 de octubre de 1868, cuando las tropas mambisas, al mando de Carlos Manuel de Céspedes liberaron la ciudad de Bayamo y el pueblo entonó por vez primera La Bayamesa, devenido Himno Nacional.
Existió coherencia y sutileza en la Fiesta de la Cubanía, empero a Isabel Arias Machado, mi prima, que llegó a Calle Siete desde el Mariel lo que más le impresionó fueron las estatuas vivientes.











viernes, 25 de abril de 2014

UNEAC y Cultura

El  Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, realizado en el Palacio de Convenciones, en La Habana, hace apenas unos días, quizás trascienda, como ha dicho Miguel Barnet, presidente de la organización nacional, como laboratorio de ideas, un nicho de debates y un sitio para promover lo mejor  y más valedero de la cultura.
Los ímpetus que en la VIII edición vigorizaron se sintetizó en la salvaguarda de la cubanía; pero sobre todo quedó explícita la contribución de los creadores a restañar los tejidos del alma de la nación, recuérdese al etnólogo, antropólogo, jurista, arqueólogo, periodista y estudioso de las raíces histórico-culturales afrocubanas don Fernando Ortiz.
Pero, qué es la cubanía sino ese discurso continuo, fluido, con curvas formales relacionadas a través de la diversidad misma, la cotidianidad en la que nos movemos y que, además, resulta imprescindible.
Calle Siete reconoce que aun cuando  los intelectuales y artistas han tenido a la cultura en el centro de sus debates y preocupaciones resulta estratégico continuar cultivando la espiritualidad.
Confío en que la UNEAC en Granma, -al frente de la cual se desempeña Luis Carlos Frómeta, quien fungió  durante 15 años como director del periódico provincial La Demajagua- siempre esté ahí con sutiles manos para esculpirlo todo; ojos escrutadores para observar, y el corazón latiendo para hacer propuestas, y velar por que se estimule, respete, proteja y defienda la no solo la creación intelectual y artística, sino la cultura cubana.
Yo sé  que la recompensa será doble.