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miércoles, 17 de febrero de 2016

Historia del árbol y el rosal



Estoy acostumbrada a llegar a la casa y encontrarme con mis padres  darles un besito y preguntarles cómo les fue el día; pero este lunes me asusté un poco. Cuando pregunté por mi mamá nadie supo responderme, solo algunas llamadas por teléfono a algunos familiares me devolvieron el aliento.
Y como hace un lindo día en Bayamo, recuerdo el mal momento de ayer y también esta linda historia que ella suele contarme desde que era tan solo una niña, y quiero compartirla desde este mágico rincón que es para mí Calle Siete.
Había una vez un delicado arbusto de rosas con un árbol gigante detrás, este era muy fuerte y se burlaba de las ramas de aquel; un día sopló un viento tempestuoso, imponente, y el árbol, orgulloso le dijo al rosal:”Veamos si tu belleza puede protegerte”. El rosal no respondió nada, quedó en silencio y solo se dedicó a mirarlo.
Mientras el viento soplaba cada vez con más fuerza, el árbol se mantenía erguido; sin embargo el rosal se dobló un poco en tanto el viento aumentaba de potencia cada vez más y más, y más … hasta que el primero se rompió y cayó estrepitosamente.
Después, cuando el viento cesó, el rosal se levantó despacio, con sus lindas ramas … y así, un delicado rosal demostró que hasta  la más frágil de las criaturas puede resistir una tormenta y ver salir el sol de nuevo.
El árbol, en cambio, con toda  su fuerza y su arrogancia se volvió madera y poco a poco se secó.

martes, 29 de diciembre de 2015

Jennifer y Lianet, dos pequeñas bayamesas


 
Desde Platón y hasta Manuel Kant, pasando por Aristóteles, por los griegos estoicos y neo-platónicos,  los escolásticos de la Edad Media, los filósofos del Renacimiento y los nacionalistas de los siglos XVIII y XIX,  no se ha logrado una definición exacta de la belleza.
Eso sí, la belleza no siempre es esplendorosa; pero está ahí para el que quiera identificarse con ella, aunque para otros resulte alguna vez resulte desnaturalizada.
Yo, por ejemplo, siento y veo el acto de parir como si se abriera la puerta de un mundo inmenso, no hay tejemaneje de lujo ni de las apariencias, empero, me evoca el arte primitivo rudimentario, pero eso sí: bello.
En la provincia de Granma,  si la madre sale bien en el parto, no es por si misma, sino por el seguimiento, desde la captación del embarazo y la atención hasta el nacimiento del  bebé.
Las nenas, para mi familia de Calle Siete, se han multiplicado de septiembre a diciembre, como las flores de mayo: nacieron Jennifer y Lianet, de Claudia Mendoza Escobar y Lisandra Rondón Blanco, respectivamente, para darnos felicidad y evocar una sensación de  frescura tanto como la  que emana la Lila blanca, natural y suave.
Mientras las niñas expresan su identidad en la sociedad resultaría interesante sentarme en un rincón, mirar, disfrutar y también sacar la cuenta de cuánto les hubiera costado, a las recién entrenadas madres, construir el universo de las pequeñas  y el sentimiento de ser parte de esta cultura, desde el mismo instante en el que asistieron al consultorio del médico de familia, más tarde, cuando ingresaron al hogar materno Mariana Grajales y después al Hospital Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo.
Lo más importante es que son dos niñas esperadas con amor y llegadas como un suspiro, como ecos en el mar de Cuba, como amanecer de primavera. Así las siento, así las veo.
Jennifer
Lianet

sábado, 18 de enero de 2014

El jardín de Ana Luisa

Cuando los días en Bayamo me despiertan con lluvia me gusta refugiarme en el hermoso jardín -bajo techo- de Ana Luisa, mi hermana que vive en los altos de la casa. Tiene unas manos divinas, como dice mi mamá, para sembrar, transplantar y cuidar de las plantas; pero lo que más me asombra es la comprensión y la conciencia adquirida  sobre los problemas del medio ambiente en la actualidad.
"Me llenan de alegría,  le dan calidez al hogar, causan un efecto ornamental que me enamora, siento la necesidad de verlas florecer,  sobre todo las orquídeas, además de que puedo contribuir con mi jardín a la reducción de la carga contaminante". Me ha confesado y he visto el brillo de sus ojos verdes.  
"Mira, me comenta feliz, las plantas de colores claros provocan una sensación óptica de mayor  espacio porque reflejan más la luz;  psicológicamente hasta de lejanía que también se logra con las plantas de hojas pequeñitas, y un efecto visual estético muy rico y variado.
Calle Siete está consciente de que no es el único jardín interior de Cuba, empero, a veces la ve como una paisajista, porque combina armónicamente materiales naturales y/o artificiales de modo tan sabio que le dan a su casa un toque de belleza inigualable. No hay una sola `pieza de su vivienda sin una mata: en las esquinas, la mesa del comedor, la sala ...
No recuerdo cómo llegó a su vida la primera planta; pero siento que desde ese espacio bien aprovechado, mi hermana Ana defiende la sonrisa, la vida y la tierra que pisa.