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miércoles, 27 de abril de 2016

Abril en Bayamo

¿Qué ve Calle Siete en el mes de abril? ¿Qué cambiaría? 
Un antiquísimo refrán árabe recuerda que los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego; por eso, como un asomo de complicidad colectiva, de aires primaverales, buena energía, acontecimientos trascendentales y lozanos días vienen representándose el cuarto mes del año, que en Cuba tiene lo necesario para superar cualquier desafío.
En tiempos de tanta crudeza, las 30 jornada que le dan cobijo a esta etapa del 2016, se me dibujan como un organismo vivo, avispado, inteligentemente, que apela al pensamiento y a verdaderos actos de sensibilidad del hombre hacia la naturaleza y consigo mismo.
La lealtad, el más segrado bien del corazón, por mi querido Bayamo, reserva en mi memoria, por ejemplo, el nacimiento de Carlos Manuel de Céspedes, iniciador de la lucha por la independencia, quien se convirtió en Padre de la Patria cuando supeditó el amor paternal por Oscar, el menor de sus hijos, al imperativo del deber.
Están, igualmente, en el lugar donde atesoro mis recuerdos más hermosos, sucesos como el el Día internacional de la Madre Tierra y el Día del idioma Español; pero aún más cercano la realización del VII Congreso del Partido. 
Empero, a estas alturas de los hechos, no puedo cambiar la invasión mercenaria por Playa Girón la madrugada del 17 de abril de 1961, en la que perecieron más 200 combatientes y resultaron asesinados civiles. En Bahía de Cochinos el imperialismo yanki sufrió su primera gran derrota en América Latina.
Aquí está Bayamo y observo un municipio que, lo mismo en abril o en diciembre, conoce y  cultiva su identidad, sus tradiciones, su espacio para la creación y recreación de los valores sociales, económicos y culturales de sus hijos, eso no lo cambiaría, como no se puede borrar el pasado, porque es una lección para reflexionar; pero sí podemos empezar a escribir un mejor futuro.

jueves, 24 de diciembre de 2015

La escuela, fragua de espíritu



Felipe Mari Aguilera, colaborador internacionalista en Angola y maestro de maestros me ha comentado sobre el siguiente trabajo a propósito del día dedicado a los educadores y me pareció oportuno someterlo a la consideración de ustedes:
Los integrantes de mi generación, aquellos muchachos que nacimos entre los años en que  la tiranía de Batista experimentaba sus últimos estertores y los momentos  jubilosos del Triunfo de Enero, somos por lo general gente sencilla, instruida, y decente, tal vez alguien considere que exagero, o que magnifico a un sector poblacional que no tuvo la posibilidad de participar en la lucha armada en la Sierra Maestra o la clandestinidad, ni tuvo edad para ir a Girón o atrincherarse cuando la Crisis de Octubre pero sirvió de enlace generacional  entre los que nos legaron la patria y los niños y jóvenes que hoy la disfrutan.
En mi caso, nacido en 1956, comencé a asistir a la escuela en 1961, la Rrevolución era muy joven, en la bodega de la esquina se hacían todos los días un debate político entre partidarios y detractores del nuevo proyecto que yo no entendía ni consideraba importante, mi padre y sus amigos más cercanos sostenían que la única solución sabia y valedera era marcharse para el Norte, eufemismo con el que se identificaba a los Estados Unidos, la gente escuchaba a Radio Swam y por doquier se comentaba de alzados, atentados, infiltraciones y escasez, mientras que mis   bisabuelos contaban de las vicisitudes que enfrentaron durante  la Guerra de Independencia de 1895 y los tíos y sobre todo las tías  narraban  las proezas   para cumplir sus misiones como mensajeras de las  huestes de Camilo Cienfuegos en los llanos del Cauto.
En medio de todos aquellos mensajes y confusiones había un catalizador, un ente que ayudaba a ordenar las ideas, que ofrecía las explicaciones sencillas y necesarias, la escuela y sus maestros. Mi aula de preescolar aún existe, al final del pasillo  de la emblemática escuela José Antonio Saco que por esa época se llamaba Jimmy Hirzell, nombre  al principio impronunciable y  de caligrafía indescifrable, tal vez porque la escuela no había aprendido aún que hay códigos que es necesario enseñar a descifrar desde temprano, pero a pesar de esas y otras limitaciones, motivadas por la prolongada influencia cultural extranjerizante de más de cincuenta años, en lugar de pre escolar se le seguía diciendo el kindergarten, comenzamos a formarnos como patriotas, gracias a la labor de  la seño Aida Cabrera, era esta descendiente de ilustres bayameses relacionados con el surgimiento del Himno Nacional y sus primeras lecciones  comenzaban precisamente por enseñarnos, acompañándonos al piano a cantar las gloriosas estrofas  compuestas por Perucho  Figueredo, a unos pocos metros del lugar donde está enclavada la escuela, para después introducirnos en el mundo mágico y maravilloso de la obra martiana.
Luego vendrían otras seños, transitaríamos a otros grados, asistiríamos contentos  a la culminación e inicio de cada nuevo curso, comenzaríamos a asumir una posición y sentirnos  responsables y partícipes activos de la construcción de una sociedad que se declaraba socialista, antiimperialista e  internacionalista, así nos hicimos pioneros que era la manera más tangible de demostrar que éramos una generación mayoritariamente revolucionaria y escuchando la prédica de nuestros maestros muchos decidimos dedicar nuestras vidas a tan noble profesión, porque, ¿qué mejor paradigma que aquella señora?, Zenaida López  a la que se le humedecían los ojos y se le quebraba la voz cuando hablaba con emoción de Maceo, de Gómez, de Fidel  o de Che Guevara, aunque entre sus funciones no se encontraba impartirnos Historia sino Matemáticas, ¿qué mejor ejemplo que aquellos muchachos veintiañeros?, como Luis, Horacio, Frank o Arturo, que después de enseñarnos las asignaturas  durante la semana, nos acompañaban a los trabajos voluntarios los domingos.
Han transcurrido unos cuantos años, hemos estudiado, las aulas universitarias se nutrieron con estos jóvenes,  luego vendrían los estudios de postgrado y cuando la Doctora Sonia Videux nos realizaba las preguntas de rigor para comprobar que reuníamos las condiciones para otorgarnos la categoría de Máster, estaba cosechando  el conocimiento ofrecido durante medio siglo por un ejército de educadores que inició  su gigantesca tarea, con la seño de preescolar.
¡Felicidades queridos colegas, la misión es compleja y agotadora, pero la recompensa, formar a los hombres y mujeres que preservarán la grandeza de la patria es invaluable!

martes, 15 de abril de 2014

Abril

Antes de que el rey Numa Pompilio añadiera a enero y febrero, alrededor del 700 a. C, abril era el segundo mes del año en el antiguo calendario romano. Ahora es el cuarto  y uno de los cuatro que tienen 30 días. Y es también mi preferido.
Abril, trae a Cuba, el Girón que le dio guiños de auténtica identidad con sus hijos, la espiritualidad que no se resiste ni pasa inadvertida; a Bayamo -urbe  con  romántica historia-, lluvia, radiante sol y  perfume de flores; y  a sus habitantes imágenes de alegría, frescura y naturaleza, relacionadas  con  el renacer de todo.
Para mi familia  reservó regalos especialísimos. Por ejemplo, a mi madre  junto a esta época que puede ser metafóricamente  la alegría de la primavera le nacieron dos hijas.
La primera, conserva amor fervoroso por la flor que le da un toque distintivo a su hogar: Hortensia, una mujer soñadora que vive su mundo inventando caminos futuros, precisamente hoy está de cumpleaños.
Ah!! y la segunda, una mujer que prefiere por encima de cualquier lugar del mundo a Calle Siete, ese sitio del reparto El Valle que representa  el trocito de subjetividad que estimula su percepción estética,  el diseño que juega con su mirada y el sabor de las delicias de la vida cotidiana. Esa soy yo.